martes, 30 de agosto de 2011

COYUNTURA: A LA HORA SEÑALADA (ALMA NEGRA)


Recuerdo claramente esta película de los años 50 donde Gary Cooper es un sheriff del viejo oeste a quien todo el pueblo le da la espalda cuando el matón recién liberado de la cárcel se acerca para enfrentarlo. El “realismo” asumido por todos es que el sheriff, que esta a días de terminar su misión, no debe enfrentar al “malo” que lo tiene amenazado para un día y a una hora concreta. Es el viejo dilema de lo ético, moral, correcto versus el realismo, el oportunismo, la conducta zigzagueante.

Y en Chile estamos prontos a llegar “a la hora señalada”.  Las cartas están tiradas.  El movimiento político social construido a partir de las movilizaciones estudiantiles enfrentado a las clases dominantes, sus aparatos orgánicos, ideológicos e institucionales de todo tipo  y por cierto también la fuerza de la represión.
Quedan aún algunas escaramuzas pero el reloj se acerca “a la hora señalada”.

La burguesía a través de su gremio la CPC ya hablo. No quieren impuestos, no van a aceptar cambios en el modelo. Exigen orden y paz ciudadana para que sus negocios sigan floreciendo.  Los partidos reaccionarios cierran filas para defender su gobierno y más allá que algunos díscolos con tufillo a liberales y buena onda declaren la justeza de las demandas económicas  de los estudiantes son atendibles, los Larrain y Novoa declaran el NO a todo.
El gobierno sigue dando volteretas y piruetas apostando al desgaste de la movilización y calculadamente muestra la billetera y al mismo tiempo la represión. Garrote que cobro ya dos victimas fatales y zanahoria que esta vez se trata de un cara a cara con el mismisimo presidente de la republica.

La Concertación y toda suerte de zombis y cadáveres políticos se cuelgan del movimiento popular y descaradamente, voltereta mediante, tratan a codazo limpio de aparecer en la foto, mostrarse para los flashes de las cámaras, reconociendo unos que se equivocaron durante veinte años, que no tuvieron la fuerza, culpando a la derecha, al binominal, mientras otros sin descaro alguno siguen defendiendo lo que fue la fracasa política de los consensos, la política de lo posible, la política que le permitió a la burguesía acumular y ganar como nunca, callando de paso, que sus billeteras y propiedades se incrementaron accediendo ellos mismos a la elite de los privilegiados y poderosos. 

¿Que puede decir la Iglesia, la DC, los “profesionales progresistas”, los PS, los renegados del MIR; MAPU, PC, ex FPMR  respecto al conflicto si ellos mismos son poseedores o funcionarios directivos de Universidades, Institutos, ONG, Corporaciones, Escuelas, Jardines, Liceos, OTEC, instancias de capacitación y un sinfín de instituciones que lucran con la educación y viven de proyectos y fondos Concursables? ¿Imparciales?¿Neutrales? A la hora decisiva sus condiciones de vida concretas se enfrentan a la “pará progre” que sostienen.

Para los reformistas la cosa no es muy diferente.
Son parte del movimiento que ya hemos definido como heterogéneo, con diversas corrientes en su interior. No solo me refiero al PC sino que a toda la pléyade de sectores que han intentado vanamente llevar la lucha actual al escenario de Plebiscito, nueva Constitución, trasferir la acumulación de fuerzas hacia el plano electoral o yerbas similares. A la hora señalada buscaran alzarse con algunas migajas para mostrarlas como triunfo concreto. O en el paraxosismo del oportunismo aceptaran el mal menor (negociación, migajas) señalando “condiciones” para no quedar tan mal parados y su juego al descubierto: la lucha en verdad era hasta por ahí no más.

Es claro: el movimiento tiene en algunas regiones un gran desgaste. Estudiantes que antes de esta coyuntura ya llevaban un par de meses en lucha. Otro gran sector, principalmente universitario motivado por reivindicaciones económicas concretas que con toda honestidad han planteado sus demandas, diferentes a la postura más radicalizada pero de menos organización de los estudiantes secundarios que enfrentan el modelo en su conjunto. A la hora señalada es muy claro quienes serán el jamón del sándwich.

También es muy claro que hay muchos sectores sociales y del conjunto del pueblo que no se ha subido a la lucha. Es cierto que el movimiento podía y puede crecer hacia nuevos sectores sociales, sobretodo en la articulación de Asambleas Territoriales verdaderas (no una serie de asambleas “mulas” que surgieron por doquier montadas por los mismos de siempre, sin ropa social o con los ya activados). Procesos en curso, pero que en tiempo no llegaran a la hora señalada y que ya está enfrentando una fuerte represión (decíamos anteriormente que a las marchas se les reprimía con lacrimógenas y palos, pero a las poblaciones se les reprimía a balazo limpio)

Línea para la suma y la resta: Más allá de las movilizaciones pendientes o en curso (como la de Calama en estos mismos momentos) se llega a la hora señalada con un gobierno que maneja el garrote y la zanahoria, con fuerzas de reserva que aun no entran a tallar (las masas fascistizadas que han debutado atacando escuelas y liceos tomados) y que sabe va a dividir el movimiento poniendo más plata en la mesa de negociación pero no accediendo a las demandas de fondo del movimiento estudiantil porque son in absorbibles por el actual modelo político y en la actual correlación de fuerzas globales.

Los revolucionarios debemos ser muy claros en la coyuntura, mirando sobretodo el futuro y los procesos de acumulación de fuerzas. Debemos reconocer la heterogeneidad de las fuerzas que componen el movimiento y que no tenemos la conducción de él, Debemos reconocer y acatar la decisión que asuma la mayoría señalando claramente que es un error aceptar la negociación y las migajas, que no estamos de acuerdo pero que aceptamos si el la decisión de la mayoría señalando claramente que trabajaremos por levantar nuevos escenarios de lucha y movilización en el futuro.
Nosotros no podemos hacernos parte ni de la negociación ni responsable del resultado de estas. .

En esto radica toda la fuerza que podamos tener en el futuro. ¿Cómo podemos convocar a nuevas luchas si no somos claros en señalar nuestro rechazo y la equivocación de negociar?
Al contrario, el escenario de negociación permite desenmascarar a los reformistas, a los oportunistas que se sumaran a mostrarse triunfadores con migajas en las manos. Pero también y aquí radica lo mas importante, nos permite educar a las fuerzas sociales respecto al limite que tiene la lucha reivindicativa y económica en general, porque es el mismo fenómeno que existe para los revolucionarios del sindicato o de la población que luchan por reivindicaciones parciales: la luchas de este tipo permiten sumar cantidad de fuerzas, despertar a la actividad social y reivindicativa a centenares y miles, pero es precisamente el desarrollo de esta lucha que permite ir mostrando que solo la lucha política global por la trasformación radical de la sociedad, por la revolución social permite alcanzar logros definitivos y que toda lucha reivindicativa local, parcial, económica, llega justamente al punto en que estamos arribando: solo la acumulación de fuerza social y política de carácter revolucionario nos permite proyectar la lucha por las trasformaciones más radicales de la sociedad.

Esto implica mantener los procesos de lucha y actividad local, territorial, seguir avanzando en el desarrollo de instancias de poder popular, incrementando las fuerzas para los nuevos desafíos que vienen.

A no aceptar las migajas ni las salidas negociadas.
A asumir con claridad que si estas se imponen es por debilidad de nuestras fuerzas.
A defender la unidad de los espacios sociales aceptando la determinación que asuma la mayoría, pero señalando nuestras diferencias y dejándolas claramente establecidas.
A fortalecer y articular la corriente revolucionaria en el campo estudiantil.
Ninguna concesión al reformismo y al oportunismo.
A crear y desarrollar órganos de poder popular.
A protegerse y enfrentar los embates represivos que se dejaran caer.
¡ Solo la lucha da lo que la ley y el patrón niegan!

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domingo, 28 de agosto de 2011

Movilizaciones estudiantiles: anticipando el futuro (Rafael Agacino)


La masividad de las últimas marchas estudiantiles ha sido un fenómeno explosivo e inesperado ¿Qué explica dicha masividad? ¿Qué particularidad tiene este conflicto estudiantil?
Son las interrogantes de estos días. Muchos intentamos interpretar este fenómeno y creo se converge hacia un relativo consenso que considera este conflicto como continuidad de un proceso que se ha venidodesencadenado espasmódicamente desde hace algunos años; que hay un “hilo rojinegro” (broma) que lo entreteje, en particular en el caso de las movilizaciones de los estudiantes secundarios.
Hay dos momentos con características similares que anteceden al actual: el “mochilazo” del 2001 y la “revolución pingüina” del 2006. En primer lugar, ambos son procesos inadvertidos por las organizaciones políticas y por el Estado; surgen de improviso y todas las instituciones, incluida la izquierda institucional, sea republicana o reformista, reaccionan ex post y a tientas tal y como le sucede ahora a un gobierno desorientado e inexperto. En segundo lugar, enarbolan prácticamente las mismas demandas aunque ahora profundizadas y en choque frontal con el modelo educacional y con el propio orden económico social. La demanda por el pase escolar del “mochilazo” se acopla a la exigencia del fin del lucro como ya lo habían puesto en el tapete los secundarios el 2006, y ambas se resignifican hoy al elaborarse con una sencillez asombrosa una profunda crítica a las bases mismas del modelo educacional y a la racionalidad con que se construyó y funciona el “Chile realmente existente”.... Por ello, de súbito, ya es casi sentido común y a nadie escandaliza, demandar la re-nacionalización del cobre, la reforma tributaria, la des municipalización sin privatización. Y finalmente, como tercera característica de importancia central, el movimiento ha preservado e incluso desarrollado ciertas formas organizativas – vocerías, revocabilidad de los dirigentes, soberanía de las asambleas, etc. - expresivas de un potencial de radicalidad democrática y autonomía poco conocido en el campo de la acción social y política chilena.
Si uno trata de dar mayor sentido a estas líneas de continuidad, la pregunta más precisa es: ¿Cómo caracterizar esta movilización social que ocurre en un contexto de crecimiento económico, en ausencia de desempleo masivo, de bajas salariales o de una situación de pobreza masiva y creciente? Lo que hay es una explosión en otras condiciones: en condiciones de inclusión social; no se trata de las masas menesterosas clamando por pan; no se trata de “marchas del hambre” como en los años setenta y ochenta. La derecha neoliberal, apelando a su batería teórica fundada en el individualismo hedonista, ha caracterizado la situación asemejándola a una crisis de expectativas. En su versión más vulgar, se trataría de un malestar de los sectores “aspiracionales” que por pura envidia frente a los exitosos, reaccionan con la protesta. Más allá de su evidente superficialidad, este razonamiento, sin embargo, puede revelar una tensión social más estructural propia del neoliberalismo maduro: un malestar expresivo de las dificultades objetivas que ciertos sectores sociales recurrentemente enfrentan para sostener en el tiempo sus condiciones de vida, o bien, porque todos o parte de ellos, tal vez los más ilustrados, toman conciencia de los perversos resultados de largo plazo del modo de vida proclamado por el neoliberalismo. En efecto, es el propio funcionamiento del modelo – no su colapso- el que muestra que los logros se vuelven ficticios, vacios y tóxicos, pues el presente se ha vuelto precario y el futuro una hipoteca.
Desde este punto de vista, las casi cuatro décadas de neoliberalismo en Chile, ya muestran crecientemente y en muchos planos, las limitaciones propias del modelo; las tensiones se perciben como resultados de reformas realizadas y maduras y no como reformas pendientes. Así con la educación, la salud, la previsión, la vivienda, la cuestión urbana, el transporte…. Las fisuras de un modelo que no puede resolver los problemas que “la gente” empieza a sufrir y frente a los cuales, tarde o temprano, ella misma deberá obligadamente pronunciarse.
Por otra parte y en conexión con la composición del activo social, una característica sobre la cual hay que poner atención, es que las franjas participantes o de apoyo han sido “educadas” bajo el neoliberalismo y por tanto permeadas por una cultura individualista. El mismo movimiento contiene en su interior contrafuerzas gravitantes que eventualmente pueden limitar su constitución y desarrollo. Dichas contrafuerzas comparten el malestar masivo pero sin compartir necesariamente la disposición y voluntad requeridas para la conformación de un sujeto social colectivo. ¿Qué efectos prácticos puede implicar esto? Que si a los estudiantes de los CFT, los IP o de Universidades Privadas que, salvo excepciones, no se han movilizado, se les condonan deudas u ofrecen otros beneficios, su posición puede pasar de un apoyo pasivo a una franca oposición manipulable por el poder. Hasta hoy el movimiento no ha avanzado sobre temas más complejos de la educación como el rol de un sistema nacional educacional en un país no desarrollado o sobre el carácter político-cultural de los contenidos educativos propiamente tales. Las demandas apuntan hasta ahora solo al entramado institucional buscando reformarlo para garantizar una “educación pública, gratuita y de calidad”. En ese contexto, la ausencia de un proyecto educacional para Chile, fortalece la capacidad de maniobra del gobierno y las clases dominantes por la vía del manejo distributivo de los recursos financieros –que los hay- y hace más vulnerable al movimiento estudiantil, sobre todo si la conjunción coyuntural de malestares que se expresa en la calle, carece de una identidad como fuerza social y programática. El movimiento tiene una cáscara colectiva pero no es aún un movimiento orgánicamente colectivo. Y ese es un problema crítico, por lo cual el desarrollo de la fuerza social y programática, incluida las tareas de formación política, son centrales.
Por último, creo que lo que no puede llamar a confusión, por lo menos a las franjas de la izquierda “desconfiada”, es suponer que este es un movimiento que clama por representación en la esfera de lo político. Toda la izquierda tradicional, republicana o reformista, así como la Concertación y sus derivados, así lo creen y afinan sus artes elaborando ardides para capturar el movimiento, para vehiculizarlo a la esfera de lo político-institucional, hasta domesticarlo o extinguirlo. Por el contrario, la izquierda desconfiada, cuyo objetivo estratégico es constituir un sujeto soberano y politizar lo social, más que preguntarse por las posibilidades de representación del movimiento, debe indagar sobre las potencialidades y posibilidades de auto-representación del mismo y su constitución como sujeto social y político. Y ahí es donde encontramos debilidades, como ya las hubo cuando estallaron las movilizaciones de los secundarios en el 2006 y las luchas de los sub contratistas al año siguiente, el 2007.
Así pues, a pesar de lo sorpresivo del estallido hay elementos de continuidad que deben escudriñarse para obtener una caracterización más precisa de este movimiento y de la propia sociedad chilena. Ello es imprescindible para la adopción de una táctica adecuada y no exagerar la nota respecto de las posibilidades tanto de la coyuntura como de la situación política en el marco del nuevo período que se abrió con el Gobierno de Piñera. Entendemos el estallido como síntoma de “algo”, un síntoma de este proceso de maduración del modelo que, entre otros, hace muy ostensible el problema de la desigualdad. Las contradicciones del modelo maduro no reclaman tácticas de resistencia sino tácticas de propuestas, de alternativas de acción social y política; la maduración de las contradicciones propias del modelo exige nuevas opciones. Si no captamos el sentido histórico de esta nueva fase en ciernes, toda la política y todas las orgánicas, se verán sorprendidas ya que precisamente por tratarse de un momento nuevo, no existen aún los recursos discursivos ni interpretativos adecuados, ni las capacidades sociales para integrarse naturalmente en esos movimientos y constituirse como fuerza política a la par que ellos mismos lo hacen.
¿Qué proyección política puede tener en el movimiento estudiantil?
Mirado desde una perspectiva auto emancipadora, es decir, teniendo en mente los esfuerzos por construir un sujeto soberano, una fuerza capaz de superar la idea de la política como un espacio institucional ad-hoc, separado de la sociedad y ejercido por “profesionales” en los cuales las masas deben depositar su representación, las luchas actuales son mucho más ricas que las de los años noventa y las de inicios del siglo XXI. No sólo son nueva escuela para grandes contingentes de jóvenes, sino también inauguran un período que obliga a sintetizar demandas, a elaborar propuestas, a imaginar proyectos; su constitución como fuerza social corre en paralelo a la constitución de fuerza teórico/programática, y por tanto, a su emergencia como una de las franjas de la futura fuerza política. El sujeto político colectivo se constituye en su vivir político propiamente tal y politiza lo social desplazando la política del espacio institucional al espacio de la sociedad; arrebata la política a los burócratas y la asume como su espacio de constitución vital. En un momento en que la política en su tradición liberal representativa, y los partidos que han vivido de ella, incluida por cierto la izquierda confiada, ostentan debilidades estructurales, se evidencian las potencialidades del momento histórico presente, potencialidades que pueden abrir paso a esa alternativa auto emancipadora.
La incomodidad del sistema político y sus funcionarios no deja de manifestarse frente al “desorden” que caracteriza al actual movimiento, por ejemplo, cuando el nuevo ministro de educación, Felipe Bulnes, reclama a los secundarios su falta de organización (convencional y burocratizada) y justifica así la imposibilidad del diálogo. Una lectura más atenta de la renuencia al diálogo por parte de los estudiantes, no hace sino revelar, especialmente en el movimiento secundario, que se ha procesado el nefasto impacto que provocó la burocratización del conflicto tal y como ocurrió con la mega Comisión de Bachelet, subterfugio que logró disipar la energía politizante del huracán pingüino y ganar un poco más de tiempo: casi cuatro años. Pero más allá de la experiencia y el aprendizaje de las franjas más inteligentes del movimiento – y la pausada constitución de una pequeña pero creciente masa crítica - emergen nuevas prácticas y concepciones de la política; éstas prácticas están sumergidas en dichas formas de acción social y emergen casi instintivamente. Desde esa perspectiva, no es sólo que el diálogo no funcione por la “crisis de representación” sino también porque el movimiento es renuente a las prácticas formales de la política e incluso a la representación misma como concepto de lo político. Entre líneas y en potencia se lee que la esterilidad de la política formal no solo deriva del desprestigio por la corrupción y el oportunismo de los “profesionales de la política”, sino de un sistema político representativo que -como concepto e institución e independientemente del binominalismo o de los procedimientos de inscripción y voto- ha sido hasta ahora impotente para procesar la vitalidad del movimiento. En el fondo, la incomodidad de Bulnes así como la manifestada episódicamente por la Concertación y por la propia izquierda confiada, deriva de las significativas tendencias autónomas que – aún latentes, es decir, no convertidas en fuerza colectiva propia y principal - ostenta el movimiento estudiantil, especialmente el activo secundario y el universitario regional.
En este sentido, la potencialidad del movimiento también se expresa en sus formas de organización que ponen el acento en la auto-representación y en diversas prácticas de radicalidad democrática. En muchos casos se trata de la eventual emergencia de una cierta “ética” que privilegia la existencia de lo colectivo, de la comunidad de voluntades, por sobre el impulso individualizante. Es la vieja escuela de la práctica que, bajo ciertas condiciones históricas, acuna sujetos y proyectos emancipadores. La larga épica obrera y popular, inspirada en el marxismo, en las ideas socialistas, libertarias, cristianas y otros idearios emancipadores, expresaron esta nueva ética de la humanidad como emplazamiento directo a la inhumanidad del capital. Las luchas de los desposeídos y explotados avanzaron desde las reivindicaciones salariales y de mejores condiciones de trabajo, hacia la demanda por la abolición del propio modo de vida capitalista. Este proyecto, provisto de un profundo contenido ético, se propuso también la emergencia de una humanidad nueva, artífice de su propia historia, dónde la realización colectiva fuera condición para la realización individual. Esta aspiración a una relación virtuosa entre individuo y colectivo, negada recurrentemente por el capitalismo y las experiencias estatalistas de inspiración socialista, se nos aparece como necesidad urgente frente a la dinámica del capital que nos arrastra al barranco, y está latente también en las prácticas emancipadoras de los movimientos actuales.
Las formas de organización en base a instancias de deliberación colectivas -aunque muchas veces parezcan ineficientes-, la idea del vocero como mero exponente de la voz común, la idea de un cuerpo colectivo que toma decisiones colectivas y por lo tanto “si erramos, erramos todos y si triunfamos, triunfamos todos”, son pequeños ejemplos de esa relación virtuosa. Cuando la realidad, los hechos sociales y políticos, son resultado de voluntades comunes, una creación común y consciente, se genera una fuente de identidad y una praxis de construcción muy robustas: “soy obra de esta historia tanto como esa historia es mi propia obra”. El intento bien o mal intencionado por administrar esas tendencias y energías colectivas, generalmente termina disipando -a veces ahogando trágicamente- las energías colectivas. Más de una vez, las decisiones de autonomización han sido la respuesta espontánea frente a la manipulación, la cooptación y al acuerdo a espaldas de los actores. Y de eso hay mucho en este país. Las tendencias a la independencia de lo social, las prácticas de autonomía, presentes en las movilizaciones de los últimos años, deben ser entendidas como potencias emancipadoras y estimularse, desarrollarse, más que adocenarlas intentando acumular fuerza propia a costa de ellas; hay que abrir paso a una politización de lo social. El proyecto emancipador – no sobra recordarlo- tiene que responder no sólo a la debacle del capitalismo sino también a la debacle del proyecto de construcción socialista donde las relaciones partido-masa y estado-sociedad, fueron mal tratadas al punto que ahogaron la vitalidad de las propias fuerzas que lo originaron. Si hay una discusión de primera prioridad en el marxismo y en las corrientes emancipadoras hoy día, es en torno a este punto crucial.
Por ello, vocerías, deliberación colectiva, asamblea, construcción de colectivos, horizontalidad, auto-representación, formas organizativas que arrancan con las prácticas de los años noventa y que los secundarios han mantenido desde el 2001 hasta hoy, deben cuidarse y estimularse. Hay que cuidarlas no solo de la reacción de las clases dominantes y su necesidad de imponer el “orden”, sino también de las tentaciones de la izquierda tradicional que debe demostrar al poder su capacidad de maniobra para fortalecer su lugar en las instituciones de la república y su sistema político representativo. Ya Tellier nos adelantó algo en su entrevista en La Tercera del domingo 7 de agosto pasado.
Para caracterizar un movimiento y sus luchas usualmente se recurre a su composición de clase y/o a los contenidos programáticos que éste levanta. Sin embargo, en la actualidad, hay que agregar otra dimensión, una variable anteriormente secundaria: me refiero a las formas organizativas. En las condiciones actuales de desarrollo del capitalismo, las formas son contenido y por tanto son cruciales en la configuración del carácter de un movimiento. Por decirlo de un modo aproximado: un mismo Programa levantado por una misma constelación de fuerzas sociales puede adquirir un carácter radicalmente distinto con una táctica restringida al campo de la política representativa y del Estado, o si, alternativamente, se realiza como ejercicio de sujetos colectivos auto-representados que ejercen soberanía en y más allá del Estado. Mientras esas formas no sean convertidas conscientemente en proyecto, las tendencias que permiten caracterizar las potencialidades emancipadoras de un movimiento, incluso a espalda de los propios sujetos implicados, se relacionan muy estrechamente con esas formas de organización y métodos de trabajo colectivos. Lo que aparece como desorden a ojos de las clases dominantes y de los burócratas de la política, expresa la latencia de prácticas emancipadoras que tarde o temprano romperán la camisa de fuerza liberal-burguesa con que se concibió y ejerció hasta hoy “la política”.
¿Y los trabajadores? ¿Qué se puede decir de su ausencia y de la idea del "ciudadanismo" que se ha ido instalando en los movimientos sociales? ¿Cuáles son las implicancias de este nuevo paradigma social?
Por más de tres décadas la teoría social, la historia y la política han dejado de considerar al trabajo humano como concepto clave y determinante en la configuración y dinámica de la sociedad, desplazándolo del lugar central que antes tenía en ellas. Paralelamente, la clase trabajadora, y en especial la clase obrera, ha desaparecido de la escena política e incluso de la propia producción - tema sobre el cual volveremos. La derecha ha sustituido a esta clase, por categorías como el "emprendedor" y el "consumidor"; la izquierda “progresista”, en distintos momentos, por las categorías de "el ciudadano", "las mujeres" y "las minorías sexuales"; y los tecnócratas de toda estirpe, como objeto de las políticas públicas, por “los sectores vulnerables”, "los pueblos originarios" y "los pobres": ciudadanos pobres, mujeres pobres, minorías sexuales empobrecidas, niños pobres, ancianos pobres, etc., claramente todos pobres, pero en cuanto tales, sin el glamour que exige la moda intelectual del momento.
Ese desplazamiento del trabajo y los trabajadores, ha dado paso a la emergencia de multiplicidad de sujetos sociales. Para las corrientes postmodernas más reaccionarias, tales sujetos finalmente se diluyen en una masa de subjetividades particulares (individuales) no susceptibles de aglutinar o responder a “lógica de equivalencia” alguna; tales subjetividades son inconmensurables y no dan siquiera para populismos; es el fin de la política y de todo valor universal. Otras, las menos conservadoras, reconocen la plausibilidad de la conjunción de intereses transindividuales y reponen la política pero solo como fenómeno episódico, contingente y transitorio, tanto como lo es una coyuntura particular. Para éstas, los conflictos pueden expresar una subjetividad colectiva pero por única e irrepetible vez; no hay lugar para la memoria colectiva ni para ningún presente histórico que contenga en potencia un futuro colectivo; todo es contingente, ningún horizonte histórico, ninguna verdad y ninguna utopía, siquiera como idea reguladora o recurso movilizador. En oposición a éstas corrientes y en defensa de las promesas de la modernidad, más esperanzador ha resultado el esfuerzo de las teorías que relevan el rol de la acción comunicativa y la construcción de consensos sociales como campo de acción privilegiado de la política. Sin embargo, de todos modos, en la época del “giro lingüístico”, la centralidad del trabajo ha desaparecido de escena.
Estas corrientes teóricas han permeado fuertemente a las franjas ilustradas de la sociedad. Un segmento “progresista”, haciéndose eco del monopolio ideológico que ostenta la concepción liberal de democracia, ha adoptado con toda naturalidad al “ciudadano” como el sujeto político por antonomasia; el citoyencriollo, que independiente de su lugar en la ciudad -y la producción-, es el soberano del poder político de la nación bicentenaria. Como sea, este ciudadano es el “hombre político”, aquel que realiza su libertad ejerciendo soberanía en el espacio de la interacción lingüística en torno a materias de lo público.
Pero sabemos que libertad formal no es igual a libertad sustantiva; esta distinción devela el límite insalvable de toda sociedad de clases. Por ejemplo en este país, aún cuando se eliminaran las ostensibles limitaciones que impone al citoyen criollo la Constitución de Lagos-Pinochet, tales como el sistema binominal, el sesgo presidencialista del régimen político o la ley de financiamiento y funcionamiento de partidos políticos, tal distinción mantendría toda su validez.
La distinción entre libertad formal y libertad substantiva es de la mayor significación en las nuevas condiciones de funcionamiento del capitalismo actual, y si bien nuestras herramientas teóricas apenas balbucean una interpretación del presente post crisis del estatalismo socialista, desarrollos recientes justifican reponer una idea crucial de Marx: la centralidad del trabajo, la centralidad de esa elemental actividad humana que es el trabajo entendido como praxis social productiva y reproductiva.
El capitalismo del nuevo siglo ha extendido su lógica a casi todas las esferas de la vida social transformando en mercancía todo objeto tangible, intangible o virtual susceptible de vender y comprar; ha extendido por doquier las relaciones sociales capitalistas y sometido al imperativo de la acumulación a los más diversos espacios personales y comunitarios. Pero así como el capital se extiende, también más actividades humanas se vuelven trabajo, trabajo para el capital. Este proceso ha implicado la emergencia de nuevos contingentes de trabajadores vinculados a la producción de esas mercancías. Sin embargo, en la medida en que tales contingentes y mercancías, especialmente las intangibles y virtuales, adoptan nuevas estéticas no han sido fácilmente reconocibles por la vieja clase obrera o por el sindicalismo clásico. Si entendemos que el capital no es una cosa ni una forma, sino una relación social, quien produce socialización, afectos o conocimientos, tanto como quien produce carbón o zapatos, si lo hace mediado por una relación de compra y venta de su fuerza de trabajo al capital, es un trabajador, produce plusvalía y sirve a la acumulación de capital, independiente que el mismo lo crea o no y sea o no reconocido por otros, por ejemplo por los “obreros manuales”, en su calidad de tal. La izquierda tradicional y el sindicalismo clásico fetichizaron el trabajo así como el salario, en el primer caso, reduciéndolo a la forma material de la actividad o del producto, y en el segundo, a su forma dinero; su imaginario, su apreciación estética, ha impedido comprender que en el capitalismo actual la clase trabajadora se ha extendido bajo nuevas formas y aumentado su peso a pesar que los empleados en sectores extractivos, agrícolas e industriales, lo disminuyan, incluso en algunas ramas en términos absolutos. Y todo esto sin contar los cientos de millones los trabajadores asiáticos y este-europeos recientemente incorporados a los circuitos de la acumulación de capital mundial.
Lo señalado ya es argumento suficiente para recuperar la centralidad del trabajo. Sin embargo, el capitalismo actual nos entrega otras razones que, más allá de la dimensión puramente cuantitativa, se relacionan con los aspectos cualitativos de la producción.
El capitalismo del nuevo siglo también ha debido avanzar en otras direcciones. Un área clave ha sido la extensión y profundización de los mecanismos de control socio-culturales requeridos para resolver las contradicciones que derivan de una expansión sistemática y duradera de la productividad del trabajo provocada tanto por el cambio técnico duro – nuevo capital fijo y circulante- como por las sucesivas reorganizaciones de los procesos de producción y trabajo. Mucho antes de la crisis del patrón fordista en los países centrales, el capital extendió su esfera de preocupación desde la producción y circulación de mercancías a la esfera del propio consumo. En efecto, sostener una dinámica de producción creciente de mercancías obligaba generar una capacidad de absorción proporcional por el lado del gasto pero -y esto es lo que queremos relevar- no sólo como mera capacidad de compra sino como disposición a la compra, como disposición subjetiva al consumo. Esto no es trivial, pues si me doy a entender bien, no me refiero sólo a la expansión de la demanda - en parte garantizada por la regla fordista de aumentos reales del salario acordes con el aumento de la productividad- sino antes que eso, a la expansión de las necesidades como motor de la expansión de la demanda. Estoy hablando, por tanto, de la administración “racional” de las subjetividades con el fin de inducir un crecimiento incesante de las necesidades y naturalizar así el consumo compulsivo e irracional, el consumo basura y el despilfarro, fenómeno que más recientemente se ha llamado “consumismo”. Esta manipulación de las necesidades, cuando se transforma en industria, en industria de la producción de subjetividad para el consumo, inaugura otro momento del capitalismo. De hecho, usando una categoría de Agnes Heller para caracterizar el estatalismo de los ex países socialistas europeos, el capitalismo se ha vuelto una “dictadura de las necesidades”, solo que a diferencia de tales regímenes, dicha dictadura opera bajo la apariencia de la libertad, “la libertad de elegir”, dirían los esposos Friedman.
Dicho esto, surge entonces una interrogante crucial: ¿Cual es el verdadero carácter de esa escasez con la que se nos aterroriza cotidianamente? ¿Es ésta un límite malthusiano, es decir, un estado natural de desbalance entre población y recursos? ¿O por el contrario, se trata de un desbalance artificialmenteoriginado y sostenido sobre la base del modo de vida vigente?
No podemos desbrozar todas las implicancias que tiene una pregunta de este tipo, pero hay un aspecto que interesa resaltar aquí. Pensemos al revés. ¿Qué pasaría si la sociedad organizada arrebatase al capital el poder que éste ejerce sobre las necesidades y las auto administrara –definiera, jerarquizara, etc.- en concordancia con el desarrollo de las facultades humanas y de acuerdo a criterios de sustentabilidad social y ecológicas? Sin duda que la escasez impuesta por el capital se volvería superflua. En efecto, esta escasez es resultado de la expansión incesante de las necesidades inducida por el capital y su imperativo de la acumulación. Es fácil darse cuenta que si el trabajo se hace cada vez más productivo con el apoyo de la ciencia y la técnica, es absurdo que la gente trabaje más y/o más intensivamente. ¿Por qué aumenta el tiempo de trabajo y su intensidad y no el tiempo de no trabajo, el tiempo libre, si es evidente que el trabajo se ha hecho mucho más productivo en una trayectoria de innovación y cambio técnico acelerados y de largo plazo de la que nunca antes se tuvo razón? En efecto: si las necesidades no se desbocaran como sucede bajo el régimen del capital, la jornada de trabajo podría haberse reducido en proporción al aumento de la productividad. Por cierto, factores demográficos -crecimiento poblacional, transición etaria- y la pobreza estructural de décadas, absorben el efecto de una productividad acrecentada pero no completamente como para justificar una intensificación del trabajo y la mantención de un estado de escasez que nos amenaza diariamente. No, no; la clave está en la tiranía del capital que no solo reina en las esferas de la producción y la circulación de mercancías, si no, como ya se ha dicho, también en la esfera del consumo ocupándose de la multiplicación de las necesidades con arreglo a sus fines, que no son, precisamente, los fines de una humanidad emancipada.
Llegado a este punto, podemos entonces relacionar las luchas sociales que toman forma en los movimientos sociales cuya estética evoca actores como los ciudadanos, consumidores, mujeres, jóvenes, etc., cuyos contenidos giran en torno a la democracia, los derechos individuales, el medio ambiente, los derechos reproductivos, etc., con la idea de la centralidad del trabajo.
En efecto, al caracterizar el capitalismo actual como “una dictadura de las necesidades”, caemos de bruces nuevamente en la dimensión de la producción y del trabajo, pues: ¿Qué si no significa emanciparse de tal dictadura? Simplemente reclamar soberanía respecto de las necesidades, es decir, de los fines de la producción y por tanto de la distribución de las capacidades productivas humanas, las capacidades colectivas de trabajo, del trabajo social. En simple: arrebatarle esas dimensiones de decisión al capital, significaría construir un orden social en que los propios productores – los trabajadores- fueran capaces de responder a las interrogantes económicas que nos enseñaron en la escuela cuando niños: qué, para quién y cómo producir. Claramente lo anterior significa cruzar el umbral de la libertad formal y entrar directamente al terreno de la libertad sustantiva; no se trata del citoyen que reclama derechos políticos civiles en la esfera de lo político, sino del sujeto colectivo radical, que quiere extender tales derechos a las profundidades de la vida misma, que politiza la existencia social al hacer del propio modo de vida un campo de batalla por el ejercicio de la soberanía.
Con todo no queremos decir que la problemática social y cultural que han reivindicado los movimientos sociales, sea reducible a la centralidad del trabajo. Ello no es posible y ni tiene sentido político plantearlo. Pero si decir que la izquierda tradicional y el sindicalismo clásico, impedidos de superar los límites de una visión fetichizada del trabajo y salario, no han podido establecer un diálogo estratégico con tales movimientos que permita potenciar sus luchas y unificar fuerzas en pos de una alternativa emancipadora. La izquierda y sindicalismo tradicionales han quedado atrapados en un imaginario que se resiste a ahondar en la complejidad del capitalismo actual. La primera, reduce las luchas de los ciudadanos a los límites de la democracia representativa sin siquiera recoger el legado teórico de una crítica radical al Estado, o peor aún, de las experiencias estatalistas de inspiración socialista que ella defendió; el segundo, limitando sus luchas a mejoras salariales y beneficios monetarios sin atreverse a criticar el contenido social del salario que, a fin de cuentas, es definido por el capital -alimento basura, vivienda basura (cuando la hay), ambiente basura, educación basura, salud basura, transporte basura, cultura basura, etc.- al manipular las necesidades y sus satisfactores. No estaría de más que nos preguntásemos si tiene sentido alguno seguir endosando nuestra soberanía a los profesionales de la política que, es archisabido, terminan subordinando los fines colectivos a sus intereses propios, o también, si lo que queremos es más salario y más ingreso para seguir consumiendo basura y horadando las bases naturales de nuestra propia vida.
Una fuerza más abierta puede entonces relacionar directamente gran parte de las reivindicaciones de los movimientos sociales y ciudadanos con las de los trabajadores; y no para subordinarlas o postergarlas para un incierto futuro posterior a la construcción de la nueva sociedad. No, no. Si, como hemos mostrado, se trata en el fondo de una misma reivindicación, lo correcto es contribuir a radicalizarlas, llevarlas al campo de la emancipación, al campo de la lucha por la libertad sustantiva que implica luchar por hacernos del control de nuestras necesidades y construir los arreglos sociales que permiten definirlas, jerarquizarlas y satisfacerlas de acuerdo a los fines de los propios productores, o lo que es lo mismo, distribuir y asignar el trabajo social y el tiempo libre, de acuerdo a los fines de los propios trabajadores. Y también a la inversa, aprovechar y potenciar las formas democráticas de acción de tales movimientos; prácticas y métodos organizativos que -en apariencia pre políticas- anuncian la política del futuro.
Así, la centralidad del trabajo, al partir del elemental hecho de la existencia de seres vivientes cuyo imperativo es su reproducción y por ello compelidos a producir las condiciones materiales y simbólicas de su existencia, lo que se releva es un acto eminentemente práctico: el trabajo; una praxis constitutiva que, por más que sus formas hayan cambiado en la época del capitalismo actual, sigue siendo un campo de batalla entre el modo de vida del capital y un modo de vida emancipado de su tutela.
Santiago, 14- 15 de agosto de 2011.

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viernes, 26 de agosto de 2011

¿Quién sigue después de Libia?


¿Venezuela?, ¿Siria?, ¿Corea del Norte?, ¿Bolivia?, ¿Nicaragua?, ¿Ecuador?, ¿quién seguirá??.  El imperio se hunde en una orgía de sangre.
Seis meses masacrando al pueblo libio obscena y sanguinariamente en un desenfreno de locura y rencor. El imperio ávido de latrocinio, piratería, venganza y pillaje se desmorona en su pudrición. El signo de la muerte como argumento de la mano civilizadora del imperialismo. La fuerza del hierro imponiendo el infierno aterrador del arrasamiento, la demolición de todo lo que está en pie y la carnicería humana en una apología salvaje al poder de la los sórdidos  dioses del Olimpo. Esos fatuos y criminales  “cruzados”  de la OTAN. 

El ejercicio del “poder inteligente” de la diplomacia de la tiranía mundial autoglorificados y ensoberbecidos, al estilo de la halcona de Washington Hilary Clinton, actuando con la impunidad más indignante y injuriosa para imponer sus decretos  y ordenamientos abusivos y nauseabundos.

El despotismo de la barbarie certificado  en las jurisprudencias fundadas por la alcurnia mundial, desbocada de arrogancia, creyéndose poseedora de la verdad absoluta y de la bendición divina  para descargar su omnipotencia en la tierra. Entiéndase jurisdicciones como la ONU, La Unión Europea, La OEA, El Consejo de Seguridad. La Comisión Internacional de Derechos Humanos, La Corte de la Haya , etc.  

La Organización de las Naciones Unidas  (ONU) convertida en el jurado de los ungidos, que es decir las superpotencias neocoloniales, con báculo y corona para regir a chasquido de látigo,  con edictos, sanciones, amenazas, bloqueos, zonas de excepción  aérea, la intimidación militar, las invasiones, el bombardeo y el genocidio legalizado.

Es el llamado “Consejo de Seguridad de la ONU” un degolladero de Estados Soberanos. Han erigido un cadalso medieval para castigar a los gobernantes y pueblos que hayan tenido la osadía de proclamar su independencia, soberanía, su vocación anticolonial y antiimperialista y emprender proyectos “exóticos” como la vía  de transición al socialismo. 

Guillotinan las aspiraciones de los pueblos a ser libres con el terror y la provocación.  El terrorismo de Estado se esgrime arteramente contra líderes, movimientos populares, rebeliones y revoluciones arremetiendo con correrías armadas, conjuraciones, asesinatos y un repertorio, con todo tipo de imaginaciones despiadadas, compilado  en laboratorios tenebrosos del Departamento de Estado, El Pentágono, en los cuarteles de la OTAN y el Sionismo, y en los recintos de  los servicios secretos de las sacrosantas potencias que conforman el eje  cavernario del dominio global. 

Extermino masivo, devastación de la vida, el gemido del dolor de infantes aterrados por el estrépito depredador de las bombas, por la mutilación, por el estropicio. Esa es la imagen imperante en Trípoli y en otras ciudades libias hoy.  La ONU ha refrendado una invasión mercenaria, ha legitimado la violación del derecho a la autodeterminación de las naciones, ha legalizado la liquidación de la soberanía del pueblo libio, ha facultado el complot contra  el Estado independiente de Libia y su genuino gobernante  Muhammad Al Gadaffi.

El  “Consejo de Seguridad” de la ONU, brutal y mefítico clan de conciliábulos e intrigas imperialistas, camarilla consagrada por la oligarquía imperial para la protección de los intereses del capital transnacional, de los amos de la guerra  y de las mafias traficantes y financiero –especuladoras, se ha hecho eco  del oscurantista  e ignominioso  legado nazi-fascista.

Ha profanado los principios de la Declaración  Universal  de los derechos fundamentales de la humanidad, mancillado la misma carta de la ONU y pisoteado  todas las convenciones que protegen derechos inalienables de niños, niñas, hombres y mujeres; ciudadanos del mundo y, los derechos a la autodeterminación de las naciones y la soberanía pueblos del planeta.  

Hoy Libia soberana libra con valentía y decoro una batalla decisiva por su dignidad y soberanía liderada por el gobierno de Gadaffi, único y legítimo representante del pueblo libio. 

Dicha batalla es aleccionadora para los pueblos de África, Asia y Latinoamérica especialmente. El unilateralismo de las superpotencias de la Unión Europea y Estados Unidos, su arbitrariedad y tropelía, la cobardía de gobiernos y bloques regionales que no han tenido la honradez y dignidad para salirle al frente a tanta demencia e impunidad, la legalización vía ONU, de los métodos encubiertos, el terrorismo de Estado, las agresiones mercenarias, el libertinaje político es ahora, un obús que apunta al corazón de los pueblos.
 
El  reconocimiento que Obama -Flamante premio Nobel de la “Paz”-  Ban-ki moon,  Secretario General de la ONU y los rutilantes presidentes, cancilleres o Primeros Ministros de Europa han hecho  de los  supuestos “rebeldes” que han asaltado Libia y que no son otra cosa que grotescos  forajidos pagados para el asesinato a sueldo, así como el chantaje de la mentira y el terrorismo de bandoleros, criminales y torturadores, se ha tornado en un peligro que asecha la seguridad, libertad y soberanía de todos los Estados que enarbolan las banderas de la independencia y la autodeterminación.

Téngase bien claro el panorama: en Libia no se libra una guerra civil, ya que nunca hubo una oposición congruente políticamente y con algún proyecto coherente que mereciera respeto y atención por su pueblo. Menos aún, organizaciones populares y políticas que arguyeran propuestas que impulsaran la profundización del cambio social, a las cuales se les dignara la denominación de revolucionarias, subversivas o rebeldes.

Libia  ha sido agredida, en un acto de cobardía sin precedentes, por la fuerza más descomunal y destructiva de la historia, una fuerza retardataria, decadente, facinerosa; se perpetró una invasión de bandas y facciones de trogloditas y saqueadores pagados y entrenados para asesinar, para luego resultar siendo  amparados por los aviones, los buques, las bombas y los cohetes  mortíferos de la OTAN, ante lo cual el Estado y el pueblo libio han resistido en una guerra de resistencia  y defensa en pleno derecho.

El Compañero Fidel Castro Ruz había  pronosticado el aceleramiento de las condiciones para una guerra generalizada, impulsada  por el imperialismo. Insistió en varios artículos afirmando que la misma tendría como escenario geoestratégico el Golfo Pérsico y el Mediterráneo; también la Península de Corea. Con toda certeza el mundo está inmerso en esa guerra, porque, además de Libia, ya se combate en Siria y están involucrados países caucásicos como Afganistán y Paquistán, además de la conflagración de Irak y el Kurdistán, así como en Sudán y Nigeria.

La República Islámica de Irán está bajo amenaza y no son escasas las provocaciones, además de incursiones ejecutadas por comandos de grupos especiales de las marinas y otras dotaciones de unidades especiales de Israel, EE.UU. y la OTAN.  

En los planes sediciosos y de guerra de ocupación y contrarrevolucionaria del imperialismo está Siria, sobre la cual ya empezaron la desestabilización, la creación de la masa crítica para la manipulación por  los medios  electrónicos de comunicación, los actos terroristas por medio de mercenarios y las sanciones de la ONU. Ya Tienen el Gobierno de Bachar  al- Assad  en la mira, para disparar.

Pero, todo no queda ahí:  los procesos revolucionarios de América Latina y el Caribe deben estar ojo avizor.  Especialmente la Revolución Cubana y Bolivariana de Venezuela, sin que “duerman el sueño de los justos” Bolivia y Ecuador.

De ahí, que la percepción justa, la coherencia política y el espíritu de solidaridad debe ponernos con más firmeza que nunca al lado del pueblo libio en resistencia. Ese pueblo tesonero, humilde, sincero, que no ha abandonado a su líder Muhammad Gadaffi, valiente y leal a su pueblo y su proyecto revolucionario y, junto a él, los corajudos y nobles  hijos, singularmente Saif-Al Islam y Saif- Al Ibrahim que han sabido estar con el fusil terciado y la frente en alto en las trincheras.

La esperanza de los pueblos humildes de África, Latinoamérica, El Caribe, Asia y la misma Europa dependen en mucho, en las actuales batallas frente a la opresión, el atropello, y las guerras de rapiña del imperialismo, por la libertad, la emancipación definitiva y el socialismo, de la derrota de la OTAN y el imperio en Libia.

Las Naciones Unidas, El Consejo de Seguridad, La Unión Europea, el Neocolonialismo, el capitalismo, están en bancarrota definitiva, sería oportuno sugerir iniciativas para el cerco, el mecateo, la indignación global y empujarlos a la tumba que irremediablemente ellos mismos están cavando.

No te entregues corazón de pueblo, no te entregues, Libia. Los únicos vencidos son los que no luchan. Libia revolucionaria y soberana vencerá, los “revolucionarios” de Obama, los “rebeldes” de la OTAN, serán repelidos y los planes coloniales y de esclavitud  del imperio serán enterrados, junto a la guerra, la agresión, el intervencionismo y la muerte en abismos del desierto, para siempre.

¡El imperialismo, la impunidad, la ocupación, la ONU y la OTAN no pasarán! La vida, el socialismo y la paz triunfarán. 

POR LA VIDA Y LA PAZ

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EEUU, AL QAEDA Y ALGUNOS PAÍSES EUROPEOS ACENTÚAN GUERRA DE RAPIÑA SOBRE LIBIA

(Versión corregida)
POR: ENRIQUE MUÑOZ GAMARRA 
ww.enriquemunozgamarra.org



Es imposible quedarse en silencio ante el genocidio de las hordas de la OTAN y al qaeda contra Trípoli. Prácticamente del sábado al martes (20 al 23 de agosto de 2011) el complejo presidencial de Libia, Bab al-Aziziya, soportó bombas sónicas y, en general, una andanada de misiles de la OTAN. Esta organización criminal, dirigida por los militaristas estadounidenses, ha efectuado 7.500 bombardeos y 20.000 incursiones aéreas sobre Libia.
Las tropas de invasión están conformadas por mercenarios provenientes de los comandos de elite de Francia, Inglaterra (comandos del servicio especial aéreo SAS) y los EEUU (comandos especiales DELTA y un número indeterminado de agentes de inteligencia, los que realmente dirigen las operaciones militares), además, de los países árabes, como las fuerzas especiales de Qatar que fueron transferidos desde Benghazi donde estaban como seguridad de los “dirigentes” del Consejo Nacional de Transición. Tambien las fuerzas reales de Jordania. Todo esto unido a las fuerzas paramilitares (al qaeda), es decir, pandillas y jihadistas, que no son precisamente creyentes del Islam, sino, grupos de choque politizados por el Pentágono, como parte de la reacción religiosa que allí operaban ya desde hace algún tiempo.  
Hay guerra psicológica extrema de distorsión informativa sobre los hechos en Libia. Todas las prensas occidentales están comprometidas en esta situación. Directamente la OTAN junto a la fuerza aérea de EEUU han estado tirando volantes y panfletos sobre Trípoli instando, a los combatientes revolucionarios que defienden la ciudad, a la rendición. Es toda una ofensiva mediática contra Libia. Una gran ofensiva de desinformación y distorsión que alcanza también, lamentablemente, a Xinhua, China Daily y Ria novosti que, en este caso, utilizan fuentes de la BBC, Al jazeera y el resto de prensas que ya sabemos en que dirección orientan sus primicias. Es lamentable que estas prensas no hayan sido capaces de ir a los mismos lugares donde se dan las noticias teniendo los medios económicos suficientes para hacerlo. Aquí es saludable la acción del Blog: leonorenlibia.blogspot.com que aun en una situación muy difícil desarrolla una información realista.
Se ha denunciado, incluso, que junto a los periodistas internacionales que estaban varados en el Hotel Rixos de Trípoli había agentes de espionaje del Pentágono, disfrazados de periodistas, atemorizando a corresponsales de guerra no adscritos a la tendencia de la OTAN y al qaeda. Las notas al respecto son las siguientes: “fuimos advertidos por….los de CNN, por ejemplo, de no hablar de Al qaeda porque de lo contrario serían asesinados. Fue una amenaza velada expresada directamente a mi” (Mahdi Darius Nazemroaya, intelectual y corresponsal de guerra de Global Research). Hace unos instantes tambien recibí notas de denuncia de voltairenet por intentos de arresto contra su presidente, Thierry Meyssan, en el Hotel Rixos de Trípoli.
En este momento la lucha en Trípoli es sangrienta. Mientras escribo estas notas la resistencia a las fuerzas de ocupación es heroica. Según, elpravda.blogspot.com (Pravda Estado Español), en Trípoli “Cada edificio de apartamentos, fábrica, almacén, esquina, intersección, casa o edificio de oficina espera y está provisto de armas de diferentes tipos, lanzacohetes y morteros. Francotiradores y pequeñas unidades de 5-6 hombres especialmente entrenadas están dispuestos. Nuestra defensa será una batalla casa por casa” (1). Algo que recuerda a las defensas de Moscú tras la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial. Y, más aún, hay cacería infernal contra el líder libio Muammar al Gadafi, así lo reconoció, este mismo jueves (25 de agosto de 2011), Liam Fox, Ministro de Defensa de Inglaterra.
Y, como se esperaba, ahora Libia está a la espera del ingreso de las fuerzas terrestres de ocupación. Esto fue confirmado por la portavoz de la OTAN, Oana Lungescu. Entonces la lucha va ser muy dura, máxime si se tiene en cuenta la entrega de miles de armas al pueblo, y al avituallamiento militar casi intacto con que cuenta el ejército libio bajo dirección política de Muammar al Gadafi que ahora ha pasado a la clandestinidad. Entonces a partir de aquí se abre un nuevo frente de guerra para los EEUU. 
Organizaciones internacionales contra Libia. En primer lugar, la ONU, que dio la partida a toda esta destrucción y anarquía a través de su Consejo de Seguridad, el 17 de marzo de 2011, cuando aprobó la Resolución 1973 que establecía una zona de exclusión aérea sobre Libia. La Corte Penal Internacional (CPI) que el 27 de junio de 2011 emitió una orden de arresto contra Muammar al Gadafi, Saif a-Islam Gadafi y Abadullah al-Sanussi (2). La Liga Árabe que había suspendido a Libia como Estado miembro en febrero de 2011, hoy mismo (jueves 25 de agosto) ha restituido su puesto permanente en el Consejo de esta organización. Y las bancas europeas que congelaron los depósitos de Libia para entregarlas a las bandas paramilitares de Benghazi. 
La ofensiva contra Trípoli se encubo en la “Reunión del Grupo de contacto” efectuada el 15 de julio de 2011 en Estambul (Turquía) donde los países comprometidos en esta perfidia reconocieron oficialmente al Consejo Nacional de Transición controlado por la OTAN a través de sus mercenarios de al qaeda y al que no asistieron Rusia y China. Más aun, Rusia ha dicho claramente que no reconocerá a este Consejo Nacional de Transición hasta mientras no se aclare la situación general de Libia (3).
Al fin y al cabo la OTAN no es tan sólida como se creía. Primero, Alemania no estuvo de acuerdo con la Resolución 1973 de exclusión aérea sobre Libia y se abstuvo en esa votación. Luego, Holanda, en el mes de julio, rechazó los bombardeos de la OTAN sobre Libia (4).
Al qaeda y OTAN, como siempre están juntos, esta vez, en Libia. En realidad la presencia de las fuerzas paramilitares occidentales, en toda la ofensiva en Oriente Medio y el Norte de África, ha sido de primer nivel. Han cumplido un papel determinante junto a la fuerza aérea de la OTAN y los EEUU (helicópteros, cazas, aviones sin piloto, etc.). La reacción religiosa desde su vertiente islámica yihadista o integrista cumplió su papel para el que fueron creados. Según las prensas internacionales se estaría dando una verdadera conjunción de estas bandas paramilitares: la brigada de los mártires del 17 de febrero, la brigada Abu Ubaidah Ibn al-Jarrah (posibles autores del crimen del general Abdul Fatal Yunis), tambien, los mercenarios del Grupo de Combate Islámico de Libia, y, junto a ellas, como no podía ser, los mercenarios y paramilitares pro-occidentales, igual que los anteriores, de la Hermandad Musulmana. Se dice que en la “Conferencia para el Dialogo Nacional” realizada en Benghazi el 28 de julio de 2011 habrían participado unas 350 personas en representación de estos grupos de mercenarios y paramilitares y probablemente agentes de inteligencia y provocadores salidos de los laboratorios del Pentágono.
¿Colusión EEUU con China y Rusia para ahogar a Libia? Aunque las confrontaciones interimperialistas son muy duras no podemos negar que haya colusiones en este proceso, justamente, para contener ciertas situaciones. El caso libio podría ser un caso de este tipo. Se entiende que en toda confrontación hay avances y retrocesos. En este caso, occidente avanzó y China y Rusia han dado un paso hacia atrás. Ciertamente, esto es solo por el momento, porque en el caso sirio el asunto va ser muy complicado. Definitivamente. Pues ambos no querrán dar marcha atrás. Por lo menos esa es la apreciación del momento. Entonces en este caso (libio) los hechos fueron muy claros: en un primer momento, intensos viajes de la diplomacia estadounidense hacia Pekín y Moscú. Luego, las abstenciones de ambos país cuando se aprobó la resolución 1973 en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Después, su impávida observancia de las masacres de la OTAN contra el pueblo libio a lo largo de los siete meses. Y, finalmente, si bien es cierto Rusia advirtió que no reconocerá al nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT), en tanto China pidió a la ONU que tome cartas en el asunto para una transición pacifica en Libia, además, recordarle que sus inversiones en Libia sobrepasan los 18.000 millones de dólares.
También lamentable la posición de Irán. El ministro de relaciones exteriores de Irán, Ali Larijani, envió felicitaciones el martes 23 de agosto de 2011 a Benghazi “por su triunfo en el derrocamiento del dictador del país” (5) Algo parecido también sucede con el movimiento insurgente Hezbollah libanés.
Y, tras estos hechos, se inicia una descarada repartija del botín. Las siguientes transnacionales son las grandes beneficiarias: Total de Francia, ENI de Italia, Brittis petroleum de Inglaterra, Repsol de España y las estadounidenses, Exxon-Mobil, Chevron, Occidental Petroleum, Hess y Conoco Phillips (6). Pero, en general, EEUU, Inglaterra, Francia e Italia están sedientas por los proyectos de reconstrucción tras esta estocada en Libia.
Pero tambien China participa de esta voracidad. En efecto, antes de la invasión China tenia 50 proyectos en ejecución valoradas aproximadamente en 18.800 millones de dólares y más de 35,000 ciudadanos chinos que trabajan aquí, todos evacuados tras las acciones armadas iniciadas a principios de año contra este país. Su empresa petrolera National Petroleum Corp está presente en esta repartija. En principio, China ha pedido que la transición de poder en Libia se produzca en calma y bajo la batuta de la ONU, esa fue la expresión de la Cancillería China en sus últimas notas difundidas en prensas internacionales. Pero también las notas dicen lo siguiente: “Pekín ha reiterado que esta dispuesto a continuar desarrollando la cooperación económica y comercial con Libia, país que vende a China un 3.0 por ciento de sus exportaciones de crudo” (7). Y, hace solo unas horas (25 de agosto de 2011) el presidente francés, Nicolás Sarkosy, estuvo en Pekín, según se dice, “para fortalecer la cooperación entre China y Francia” (¿?). Pero, lo cierto, es que en estos momentos lo que domina el ambiente financiero internacional son los negocios referentes a nuevos contratos sobre el petróleo y la reconstrucción en Libia.
Entonces ahora: ¿Quién se hará cargo de la dirección política del estado de Libia? En principio, el Consejo Nacional de Transición (CNT), forjado por la OTAN, está encabezado por Mahmoud Jibril, un neoliberal con estudios en EEUU y graduado en Egipto, que en algún momento fue parte del gabinete libio, aunque expectorado en su debida oportunidad por Muammar al Gadafi por sus inclinaciones privatizadoras y con residencia por espacio de varios años en el extranjero. En realidad un títere pro-occidental, especie Karzai, en Afganistán.
Y, finalmente, la lección extraída de estos hechos. Para las burguesías financieras, sobre todo, estadounidenses, la invasión a Libia sería aparentemente como un aviso para el resto de gobiernos del planeta a que no hay leyes internacionales ni fuerza alguna que puedan impedir si EEUU y la OTAN, ahora junto a su eje, se deciden ocupar un país determinado. Un aviso que podría estar dirigiéndose a Siria, Líbano, Zimbabwe, Myanmar, Bielorrusia, etc. Pero, para el que escribe estas notas, la lección está referida a que los pueblos, las naciones y los países, jamás deban confiarse en las agridulces palabras del imperialismo, entre otras, de capitulación y desarme, sino, actuar como lo hizo la Republica Popular Democrática de Corea (RPDC), hoy baluarte supremo del socialismo en el mundo.
NOTAS:
1.- “Libia continua resistiendo los embates de la OTAN”. Noticia publicada el 26 de agosto de 2011, en: elpravda.blogspot.com
2.- “UE pide cooperación con CPI sobre arresto de Gadafi”. Noticias publicada el 19 de julio de 2011, en: spanish.news.cn
3.- “Rusia no reconocerá al CNT como gobierno legitimo de Libia”. Nota publicada el 18 de julio de 2011, en: spanishs.news.cn
4.- “Holanda rechaza sumarse a los bombardeos de la OTAN sobre Libia”. Noticia publicad el 14 de Julio de 2011, en: Cubadebate.
5.- “Majlis felicita al pueblo libio por su victoria”. Noticia publicada el 23 de agosto de 2011, en: IRNA.
6.- “La otra guerra en Libia: Italia y Francia se pelean los contratos de reconstrucción” noticia publicada el 23 de agosto de 2011, en:www.diariouniversal.net
 7.- “Pide China transición de poder pacifica en Libia liderada por UNO”. Noticia publicada el 24 de agosto de 2011, en: ww.milenio.com

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jueves, 25 de agosto de 2011

Educación: Un talón de Aquiles (Por Manuel Ossa)

www.plataforma-nexos.cl
El Presidente Sebastián Piñera, dio en el clavo al proclamar el 19 de Julio, durante una inauguración del DUOC, que la educación "es un bien de consumo". Un mes después tuvo una reunión con directivos de la Corporación de la Producción y del Comercio y de la Sociedad Nacional de Agricultura. Detonante de esa reunión no podía ser otro, pensamos, que la educación y la discusión que universitarios y secundarios, seguidos de sus profesores y maestros, han desencadenado en la opinión pública del país. Lo pensamos, porque tres días antes, Lorenzo Constans, Presidente de la CPC, había propuesto ya una "agenda corta" para la solución del conflicto. Estaba en juego la educación como negocio. O el cese del mecanismo que así la promueve. O la debacle del sistema financiero del país en su conjunto. "Manejo de crisis", debió llamarse esa reunión clave. El acuerdo tiene que haber sido total, o "global", como se dice hoy en el espíritu del tiempo. En todo caso, hubo acuerdo de no gravar a los empresarios con nuevos impuestos para la educación.

Si todo se vende como bien de consumo, y si el sistema económico-financiero vive o muere según que esa premisa se cumpla, y si los estudiantes están poniendo en cuestión que el sistema educativo siga en esta feria libre de compra y venta, entonces es claro que los estudiantes están apuntando al talón de Aquiles del sistema en su conjunto, un punto vulnerable en cuya salvaguarda se le va la vida.

Secundarios y universitarios lo han visto con más claridad, justeza y oportunidad que muchos de nosotros, sus aliados o sus opositores. El ministro Hinzpeter se preguntó hace algunos meses por qué los estudiantes lo mezclan todo en la misma olla: el destino del cobre, las represas de HidroAysén, el petróleo de Magallanes, y ... la educación. Hacen política, acusó, y para ello reciben instrucciones partidarias. Se equivocó en lo de las instrucciones, pero acertó en lo de hacer política, aunque para él la política sea una cosa distinta y nada tenga que ver con lo que los estudiantes entienden bajo el mismo término.
Es posible mostrar con argumentos la centralidad política tanto del lema presidencial de una educación como "bien de consumo", como de la indignación estudiantil que se le resiste y apunta a lo contrario.
Desde que la tasa de ganancia de los grandes consorcios productivos trasnacionales comenzó a declinar - hasta llegar a un 50% - entre los años 60 y 70 por efecto combinado de la competencia, la saturación de mercados, los movimientos obreros o sociales y la consiguiente alza de los salarios, y otros, los capitales "globalizados" comenzaron a buscar otras fuentes que acumularan en sus arcas nuevas ganancias para suplir las que iban en merma (1). Es en razón de esta búsqueda que desde fines de los años 70 o comienzos de los 80 se asiste a un proceso de cambio que, a más tardar tras la crisis asiática de 1997-1999 y como consecuencia del aumento de liquidez que se produce entonces, deja atrás los antiguos modelos fordista y taylorista de producción como principales medios de maximizar las ganancias. Entretanto, y en virtud de los cambios estructurales que se han ido produciendo, los trabajadores han diferenciado su propio formato y sus expectativas. En efecto, con el desarrollo de la informática ha ido de la mano una elevación del nivel cultural de los mismos, de lo cual se deriva el que se requiera de ellos una forma de participación en la empresa no solo corporal, sino de toda su subjetividad. Se requiere, en otras palabras, que sean intelectualmente creativos y estén emocionalmente comprometidos con la empresa, la cual junto con confiarles tareas más sofisticadas, tiene medios para atarlos a sus propios objetivos.

El capitalismo está, pues, cambiando de fase. Se ha pasado, según los analistas citados, del "capitalismo industrial" al "capitalismo cognitivo". Así ha ido transformándose la configuración de las empresas, tanto en sus productos, dotados cada vez más de elementos "inmateriales" (memorias electrónicas o "inteligencia" robótica al servicio de trabajadores del intelecto), como por la distribución de posiciones y tareas dentro de ellas. El dueño o principal accionista de la empresa se "retira" parcialmente a administrar la renta que ella le devenga, mientras delega en bien pagados gerentes o managers su poder y dominio directo sobre la empresa, transformada ahora en un mecanismo para hacer negocios. Bajo los managers de primera línea, se forma un cuerpo escalonado de "ejecutivos" que llegan a confundirse con los que antiguamente se llamaban trabajadores u obreros. Pero, insensible y paradójicamente, estos trabajadores "cognitivos" han sido o están siendo despojados o expropiados de sus capacidades intelectuales, de su creatividad, en suma de su subjetividad, pues ella está, de ahora en adelante, al servicio y bajo el control de la empresa.

En esta fase del capitalismo, en que la extracción de valor a partir del trabajo asalariado se ha vuelto cada vez más problemática, el capital acumulado, entre otras por las AFP, en los institutos de crédito y el que se transa en las bolsas de comercio se presta a manejos que se constituyen en nuevas fuentes de ganancias, debido a la versatilidad del mundo financiero. De ahí un primer deslizamiento del capital productivo al capital financiero como fuente de ganancia.
El segundo deslizamiento se produce cuando los capitalistas comienzan a mirar con otros ojos algunos bienes considerados históricamente como bienes comunes, y que por lo tanto eran administrados principalmente por los estados a nombre y en provecho de las respectivas comunidades nacionales. Entre estos bienes se cuentan las aguas y la energía, los caminos, la salud, pero también las viviendas que proporcionaban antiguamente algunas empresas a sus trabajadores - como la población Yarur, o los campamentos mineros de Sewell y Chuquicamata, o la misma ciudad baja de Lota - y que luego los estados subvencionaban como viviendas sociales. Todos estos bienes han sido o están siendo privatizados para convertirse en nuevas fuentes de ganancia, principalmente en el caso de las viviendas, mediante el mecanismo del crédito que hace subir a la estratósfera su valor y aumenta en la misma proporción las ganancias de los pulpos inmobiliarios - hasta que la burbuja revienta, como en el caso de las subprimes estadounidenses.
En la línea de bienes considerados hasta hace algunos lustros como comunes o sociales está la educación. Por ello se la ofrecía gratuitamente y de buena calidad para todos, desde la escuela primaria (hoy básica) hasta la técnica o universitaria. Por razones ideológicas o por prejuicios religiosos, esa educación pública no fue muy frecuentada por los hijos e hijas de los católicos llamados "pudientes" de nuestro país. En países como Francia o Alemania, donde tales prejuicios no tienen tanto peso social, la educación pública gratuita, ha sido la que elige la mayoría de la clase media académica o del mundo de los negocios.
En todo caso, hoy ha cambiado la mirada de los capitalistas sobre la educación. Ésta se ha vuelto "bien de consumo", es decir, un producto que se intercambia en el mercado de los valores monetarios; se ha vuelto una "inversión", como también lo explicó Piñera, y por consiguiente es uno de los nichos de donde el capital privado puede extraer ganancia, al mismo tiempo que un lugar privilegiado donde los inversores privados puedan comenzar a manipular y controlar los cerebros que más adelante habrán de servir, como "capital cognitivo", a las empresas.
Lo que está sucediendo ante nuestros ojos en Chile lo han visto con particular claridad antes que nada los más directamente afectados: los secundarios y los estudiantes técnicos y universitarios. Ellos nos están haciendo ver a todos que el negocio de la educación o la educación como negocio se está convirtiendo en una burbuja tanto o más peligrosa que la de empresas del retail como La Polar. Pues, por un lado, este sistema educacional no consigue mejorar la calidad de los conocimientos impartidos - a ojos vistas no es éste su principal propósito -, y por otro lado, carga un endeudamiento gigantesco y de por vida sobre las espaldas de las familias y de la gran mayoría de los futuros profesionales, los cuales, por añadidura, están lejos de tener asegurados los puestos de trabajos de donde sacarían los medios con que pagarían sus deudas.
Al resistir y demostrarse en contra de este modelo, los estudiantes y escolares están, pues, atacando uno de los talones de Aquiles de la actual fase del modelo capitalista. Lo saben ellos. Por eso engloban otras piezas del mismo sistema en su protesta. Lo saben también los financistas, como Piñera, que ven peligrar una fuente de donde extraer sus ganancias, en el momento en que varias de las que tenían entran en crisis.

20 de Agosto, 2011


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