sábado, 25 de enero de 2014

ENVENENADOS (Capitulo 12 de "Destacamento Miliciano Jose Bordaz, Guillermo Rodriguez Morales)



12. Envenenamiento

Después del Consejo de Guerra, llegó cierta normalidad. Inanimado fue puesto en libertad porque no pudieron probar ninguna conexión. Adalberto iniciaba la batalla legal que casi un año después le permitiría lograr su libertad, apoyándose en lo acordado: él estaba presionado y había facilitado su casa y su vehículo bajo amenazas. Para mí era el comienzo de largos años en prisión.

Habiendo estado ya encarcelado sabía que la clave para mantenerse bien es organizar el tiempo en prisión, dejando espacios para trabajar, estudiar, hacer deportes y por supuesto, para la actividad política. Seguía siendo llamado por diversos tribunales para declarar en los procesos que se habían incoado en mi contra.

Un caso especial fue la magistrado Canales, que aceptó tomarme declaración respecto al castigo injusto al que me había sometido Gendarmería en los días previos al Consejo de Guerra, y que recibió de mi parte la información de la red de gendarmes y reos que estaba trabajando para el CNI.

Esto último se produjo casi de manera fortuita. Ahumada y Yáñez estaban a punto de salir del país expulsados, cuando este último encontró un escondrijo lleno de papeles, copias de informes que alguien enviaba dando cuenta de la actividad de los presos políticos, de las visitas y de los abogados que nos atendían. Luego que mis compañeros fueran puestos en libertad me dediqué a observar quién acudía al escondrijo. Finalmente logré identificarlo: se trataba de Marshall, un ex oficial de las FF.AA., participante de un conato sedicioso contra Allende, convertido a la sazón en delincuente habitual. Él era el informante que había perdido sus papeles.
Se estableció la denuncia pública, la jueza Canales abrió un expediente que recogió una nueva denuncia de mi parte. No recuerdo cuándo fue exactamente, pero a mi visita concurrió una mujer joven, hermosa, que me cuenta que es hermana de un detenido desaparecido. Trae de regalo una torta. No le creo mucho su historia y como es evidentemente sospechosa la situación y la torta va a parar a Codepu, institución que la manda a analizar con resultados ilógicos: se trata de una torta común cuya cobertura contiene insecticida. Quizá fue una forma de aviso de alguien, de lo que ocurriría días después.

Aproximadamente a inicios de noviembre llegaron a la galería dos hermanos detenidos por supuesta vinculación con el MIR. Ricardo y Elizardo Aguilera Morales, quienes se sumaron a la  “carreta” que manteníamos con Adalberto

Hacia el día 11 de noviembre, me correspondió cocinar. Era un turno con mucho para comer: durante la mañana habíamos tenido visita, y además de las frutas, golosinas, ensaladas y frutas en conserva, recibimos los alimentos llevados por nuestras familias y en particular por lo que llevaba mi madre. Ella había comprado un gran trozo de carne, del cual separó una porción para enviármela por el sistema de “biombo”. Esto consistía en entregar por una ventana especial los alimentos a un gendarme, quien los revisaba y luego entregaba al Gendarme a cargo de cada calle y galerías, para llegar finalmente al destinatario.

Recibí la carne y cociné una cazuela acompañada por frutas cocidas preparada por la madre de los hermanos Aguilera.

Durante la tarde, luego de terminar el turno de cocina y regalar la comida que no usaríamos a un reo común, fui a jugar fútbol a la cancha y a conversar con Patricio Reyes, mi enlace con los restantes presos políticos.

En el entretiempo me senté a un costado de la cancha conversando con Patricio y éste comenzó a poner caras raras y me pedía, a cada momento, que le repitiera lo que yo decía porque estaba hablando muy enredado. Seguimos conversando, encendí un cigarrillo y súbitamente comencé a darme cuenta que estaba viendo las cosas de manera distorsionada. Le pedí a Patricio hacer una pausa, me tendí unos momentos y cuando me enderecé y traté de hablarle me di cuenta que mi lengua estaba rara, que no podía articular bien. Patricio me acompañó de regreso a las celdas y encontramos a Adalberto vomitando y con agudos dolores. Reyes fue a ver a Elizardo y Ricardo encontrándolos en similar estado.

¡Habían envenenado la comida!  ¡Se hacía urgente lograr atención médica!

Patricio regresó al interior del Penal dando la voz de alarma, mientras nosotros nos hacíamos lavados estomacales con lo que teníamos a mano: detergente y mucha agua. Los reos comunes comenzaron a golpear las puertas en señal de llamada a la guardia interna.

No llegó nadie durante la tarde ni la noche, a pesar de que todos los días la guardia interna pasaba la cuenta de la tarde y nos encerraba celda por celda.

Los presos comunes gritaban, encendían fogatas, golpeaban las latas de las puertas y nadie aparecía.

Comenzó una noche siniestra: a poco de que oscureciera comenzaron a atacarme dolores y puntadas estomacales que me dejaban sin aliento y tomé bidones de agua con detergente para provocar más vómitos y de cierta manera “lavar” los intestinos, operación que repetía con mis compañeros. Los dolores eran atroces. A pesar de todo, sentía que estaba un poco más entero que mis compañeros y podía caminar, pensar a ratos. Pero a medida que avanzaban las horas, los desmayos y pérdidas de conocimiento se sucedían. El recuerdo de los hechos se hace borroso, las secuencias también.

Siento que convulsiono, que mi estomago manda mi cuerpo y mi mente. Duermo uno o dos minutos y despierto sacudido por espasmos, por vómitos. El estómago se contrae con tal violencia que me deja sin respiración y caigo tendido, rendido tras cada convulsión pero no puedo mantenerme despierto. Se repite una y mil veces las dolorosas contracciones. Siento que los presos comunes siguen gritando, golpeando las latas y que deambulan por una calle que tiene todas sus celdas abiertas. El último espasmo es descomunal y me hace caer del camarote sacudido por arcadas y movimientos del cuerpo que no logro contener. Luego no sé si pierdo el sentido o me duermo.

Despierto. La luz del sol me hiere los ojos. Es mediodía y algunos reos me van arrastrando hacia la enfermería. A medio camino, frente a la entrada de las visitas, un hombre detiene la caravana: el doctor Almeyda, de Codepu que nos revisa a la pasada y grita discutiendo con alguien, indignado. Me doy cuenta que el Alcaide del penal está con él, pero no puedo saber más porque pierdo la conciencia nuevamente.

Ahora estoy en la enfermería del penal. Un auxiliar paramédico me desnuda y me pone una especie de bata o camisa del penal. Luego toma los signos vitales, me conecta un suero y se va. Al mirar las camas ocupadas, recién caigo en cuenta que somos seis los envenenados, que hay dos reos comunes entre nosotros. Logro hablar con Ricardo Aguilera quien con voz jadeante y entrecortada confirma: es claro, estamos envenenados y han pasado casi 20 horas del envenenamiento y no hemos recibido ningún tratamiento específico. Estamos intentando hilar la conversación entre dos que a duras penas se expresan, cuando ante nuestros ojos, uno de los reos comunes comienza a hacer contorsiones increíbles abriendo los ojos de manera desmesurada para que finalmente se eleve desde su tórax un bulto, una pelota y quede inmóvil, en silencio final.

Ricardo reitera que todo está muy claro: nos envenenaron, nos niegan la atención médica y que vamos a morir.

Quizá por el mismo envenenamiento, por el cansancio, por la noche agotadora que hemos pasado entre vómitos, piruetas y contorsiones, reaccionamos a la muerte de nuestro compañero de prisión con calma, tranquilidad. No sé si lo dije o lo pensé en el momento, pero desde ese instante había que guardar el máximo de energía y calma para aguantar el auxilio esperado.

Cae la tarde y recién ingresan a la enfermería gendarmes y practicantes. Ahora ellos corren y gritan que llegó una ambulancia, que deben llevarse a Adalberto y al reo común. Trato de concentrarme y guardar las fuerzas porque para mí es obvio que es un intento de asesinarme directamente. Está claro que envenenaron la carne que había traído mi madre, está claro que no quisieron prestarnos atención a tiempo, está claro que si el doctor Almeyda se ha hecho presente en el penal es porque ya la noticia se ha extendido por todo Chile y que de alguna manera, familiares y defensores de los Derechos Humanos están luchando para que se nos preste atención médica.

Nueva irrupción del grupo corriendo y gritando. Ahora se llevan a los hermanos Aguilera y quedo solo en la enfermería mirando el cadáver del muchacho que había recibido la olla de comida.

Cae la tarde cuando vienen por mí. Rechazo la camilla y salgo caminando hasta el patio de carga. Detrás de mí, gendarmes portan el cadáver del fallecido y al llegar a la ambulancia me engrillan atándome al muerto. Voy tranquilo. No reclamo por lo que han hecho. Me imagino que luego declararán que se murió en el camino, salvando la responsabilidad del Alcaide que claramente está coludito en la operación, sino ¿Cómo se explica que envenenaron la carne? ¿Cómo se explica que no nos pasaron la cuenta y no nos encerraron en la noche anterior?

Pensaba que me llevarían a un centro médico. Craso error. La ambulancia entra a la Penitenciaría de Santiago, quizás en un nuevo intento por retrasar la atención médica.

Me conducen al segundo piso de una construcción que recién identifico como el hospital penal y un doctor sale a mi encuentro. De corbata, muy bien vestido y formal, huele a colonia. Tiene entre 50 y 60 años, usa gafas, se ve seriamente preocupado. Me toma los signos vitales y sin vacilar me pregunta si yo soy el jefe mirista recientemente condenado por el Consejo de Guerra. Respondo que sí y para mi sorpresa se presenta formalmente diciendo que es el Doctor Meric, que ha sido acusado injustamente de ser colaborador de la DINA, que ésta es su ocasión de demostrar que no es así y que él cree que hemos sido envenenados con botulina. ¿Qué es la botulina? ¿Vamos a morir?- pregunto sin tomar en cuenta su relato. 

Explica en detalle que la botulina es una bacteria que se produce en ambientes sin oxígeno; que en el pasado, cuando no existían los procesos industriales para la conservación de alimentos era común ver estos casos, pero que hace diez años no hay casos similares en Chile. Luego explica que requerimos un antídoto y tratamiento en centros asistenciales que tengan UTI o UCI porque la toxina ataca al sistema nervioso y vamos a quedar paralizados sin capacidad de respirar y posiblemente con ataques al corazón.

Con dificultades, porque ahora me hierve la sangre de indignación articulo las preguntas:

 -¿Y ustedes tienen ese antídoto? ¿Ustedes tienen una UCI o una UTI?

Responde que no, que están haciendo lo posible para que seamos trasladados a diversas postas porque necesitamos respiradores y no se sabe de la existencia de stock del antídoto.
Está claro que siguen ganando tiempo, que se escudan en las formalidades de la institución. 

Camino hacia la sala donde están el resto de mis compañeros. Adalberto está inmóvil y no responde a estímulos, aunque respira bien. Ricardo y Elizardo están calmados, tendidos en sus camas, despiertos. No veo al preso común. ¿Por esto es que no me condenaron a muerte? ¿No querían asumir de manera pública y explícita el fusilamiento de un resistente y recurrieron a este método asesinando de paso a cinco personas más?

El año 2004, veintitrés años después de estos acontecimientos, en la oficina del Juez Madrid que investiga la muerte del Presidente Eduardo Frei Moltalva, encuentro respuestas.
Existió una Brigada del Ejército especializada en la guerra bacteriológica. El juez ha logrado individualizar a quien compró las cepas de la toxina botulínica en Estados Unidos, ha logrado identificar quien transportó este producto en avión comercial violando todas las reglas internacionales de tráfico aéreo, ha logrado identificar quien recibió el producto.

Queda, a esta fecha, identificar claramente los objetivos, aun cuando la hipótesis más probable es que trataron de “matar dos pájaros de un tiro”: probar la efectividad de la bacteria botulínica a los compradores de la sustancia que estaban vendiendo a los ejércitos de Irán o Irak que preparaban en ese tiempo sus arsenales, y a los que ya habían acordado vender aviones y bombas de racimo, negocio turbio que terminó con varios oficiales chilenos muertos; y por otro lado, golpear a la Resistencia Popular, matándome de esa forma, ahorrando el precio político del costo de haberlo hecho en el Consejo de Guerra.

La intención de matarme directamente, se mantiene hasta los últimos minutos: al anochecer comienzan a salir una a una las ambulancias que llevan a mis compañeros a diferentes hospitales y postas de Santiago, dejándome, nuevamente para el final.

Lo que la CNI o el equipo que montó la operación no podían saber, ni se imaginó nunca era la existencia de la funcionaria de gendarmería que era miliciana y la existencia de un chofer cercano a la Resistencia Popular contra la dictadura.

La primera logra llegar al penal y pasarme la información de que los presos políticos de todos los penales están en huelga de hambre, que hay mucha preocupación internacional, que mi familia le ha informado que el gobierno de Francia y de Canadá están preocupados y ejerciendo presión en el caso, que mi propia madre y un grupo de familiares ha iniciado una huelga de hambre en una iglesia. Esta noticia me da fuerzas y aliento, me da esperanza.

No estoy, no estamos solos. Podemos y debemos luchar todavía, ahora por nuestras vidas. En la despedida de la compañera y resistente, siento que su abrazo me transmite la energía que necesito.

Luego es el turno del chofer que conduce el vehículo que me traslada al Hospital San Juan de Dios. Me conoce hace más de diez años. Guarda silencio cuando me ve y me hace un gesto de que me tranquilice. Luego monta en el vehículo y me percato que estamos viajando solos, que no hay un paramédico, ni enfermero ni ningún otro funcionario que nos acompañe.
Entonces me cuenta mientras vamos viajando que es extraño que no me hayan puesto escolta, para decirme en seguida que algo raro ocurre, que está siendo embotellado por vehículos de la represión.

No puedo decir nada. No me salen las palabras. El va hablando en voz alta y comenta que ha logrado escabullirse del embotellamiento. Luego siento un frenazo y un golpe a nuestro vehículo y me cuenta que están tratando de sacarlo del camino. Acelera a fondo con la sirena ululando y comienza una carrera de locos que termina con un nuevo frenazo.

No sé cómo ingreso, no tengo ningún recuerdo de ello pero de repente caigo en que estoy en el Hospital San Juan de Dios, en una sala y rodeado de gendarmes con armas a la vista y vestidos con ropas de hospital.

Los doctores discuten con ellos y los uniformados se niegan a salir porque aducen que estoy en riesgo porque hay grupos que me quieren matar y otros grupos me quieren rescatar.

Me doy cuenta que ahora estoy muy débil, que no logro enfocar la vista y tengo muchas dificultades para respirar.
El doctor me habla, me dice que viene la crisis, que veré todo de negro y que debo abrir la boca porque me van a intubar. No sé lo que es intubar pero ya nada me importa. Voy a morir, a juntarme con mis compañeros que partieron antes, voy a juntarme con Arcadia, con Beño, con Jaime, con Watussi, con Renato, con Santos Romeo, con chico Tito y chico Lucho, con el Caluga. Solo tengo que cerrar los ojos y dejarme ir. Es cómodo, es fácil. No duele.

No siento nada, está todo en calma. Súbitamente suena una alarma y todos corren. Estoy muy tranquilo y me doy cuenta que están sobre mí, que palanquean mis dientes para pasarme un tubo. Pero me hundo en una plácida tranquilidad.

Ahora recupero la conciencia por periodos cortos. Siento que la garganta me quema, que la máquina que me hace respirar va muy rápido. Entonces veo a un capitán de Gendarmería que mueve botones en la máquina y se ríe, sin darse cuenta que lo estoy mirando. Vuelvo a hundirme en el sopor. Otro momento de conciencia: el mismo capitán discute con un gendarme que se pone frente a la máquina, otra vez el velo negro cae y me hundo.

Ignoro cuánto tiempo ha pasado y despierto completamente mojado pero mi mente está clara. Puedo mover una mano con toda facilidad y mi visión está bien. Me siento en la cama y caigo en cuenta que estoy lleno de tubos, mangueras y cables. Recuerdo en un instante todo: estoy preso, fui envenenado, estoy en el hospital San Juan de Dios. Miro el entorno, las ventanas, las paredes y recién caigo en que no hay guardias, ni gendarmes ni doctores. Es una oportunidad única me digo. Ahora debo fugarme. Y comienzo a sacarme las mangueras, el tubo que tengo en la boca, las agujas que tengo en brazos y mano. Bajo de la camilla para alcanzar la ventana y buscar una salida. Puedo escaparme, porque conozco el barrio Estación Central, porque nací en este hospital y estudié mis primeros años a dos cuadras de distancia. Porque estoy decidido y puedo lograrlo. Pero mi cuerpo no responde. No puedo caminar, peor aún, no puedo respirar y me ahogo y caigo al suelo. Escucho la máquina que está haciendo sonar una alarma y siento carreras de todo tipo y me voy hundiendo nuevamente en la oscuridad profunda.

Despierto y estoy absolutamente inmovilizado, mis manos atadas, mis pies también. El calor me consume, la sed, una sed horrible. Siento mis labios resecos, partidos y me doy cuenta que no puedo ver por un ojo y que el otro desenfoca, no traduce las imágenes bien. Ahora sé que estoy en agonía, que finalmente lo lograron, que me estoy muriendo.

Vuelvo a despertar y veo al gendarme que discutía con el capitán. Está con una bata de enfermero sentado al lado de mi cabecera con una subametralladora  en el regazo. Llora. Llora mientras toma mi mano y la acaricia. Me habla y no sabe que lo estoy escuchando:

- No te mueras hermanito – dice –, no te mueras como murió mi hermano asesinado por los mismos perros de la CNI que te envenenaron.

Me parece extraño, raro, muy raro. ¿Estoy delirando? ¿Estoy sufriendo alucinaciones?

Luego no es el gendarme al que veo, es a Carlos, mi hermano mayor que está poniendo las piezas de ajedrez en un tablero y comienza a explicarme la defensa india. Ahora sí entiendo, estoy delirando pero hay una parte de mí que logra decirme lo que está pasando y que me cuenta que estoy delirando. Pero luego todo es confuso hasta que alguien pone una luz en mis ojos y pregunta una y otra vez si soy alérgico a los caballos, si alguna vez he montado. Quiero responder pero no sé cómo hacerlo, no puedo moverme y quiero dormir, quiero dormir para siempre, irme luego, que todo termine. Él o los de la luz en mis ojos insisten zamarreándome: ¡Si no eres alérgico a los caballos parpadea dos veces! Parpadeo dos veces y caigo nuevamente en el pozo.

Ahora siento que ponen algo en mi frente, es una jalea o una crema. Abro mis ojos (el ojo) y veo la cara de un sacerdote. Tiene unos colgantes con filigrana morada. Son hermosos. Pero no creo en Dios y entiendo que me están dando la extremaunción. No quiero ser inconsecuente en mi muerte y parpadeo, parpadeo, parpadeo para que me quiten las cremas, para que me dejen irme tranquilo. Me doy cuenta que no tengo tubos en la boca y que alguien moja mis labios y acomoda algo en mi cuello. Ahora siento placidez y ganas de dormir.

Nuevamente despierto, zarandeado por movimientos. Sé que me están trasladando hacia alguna parte. Siento carreras, el ruido de la camilla al desplazarse, el vértigo en un ascensor, el sol que calienta mi cara y mis parpados, el sonido de puertas de vehículos y sirenas de ambulancia. Todo se apaga.

Entre las tinieblas escucho hablar en francés y abro los ojos. Una señora de edad indefinida y de cara angulada está mirándome y dice:

– Soy la Cónsul de Francia, Ivon Legrand –y agrega – Tu mamá y tu familia están afuera, te mandan saludos. ¿Puedes hablar?

Me sorprendo al escuchar un hilo de mi propia voz diciendo algo que ni yo mismo entiendo el porqué lo digo:

 –Todo empezó en La Comuna de París. La Cónsul se sorprende y pregunta si necesito algo.

– Cuiden a mi hijo Manuel – le pido y ya no puedo mantener los ojos abiertos y caigo en un remolino que me succiona, creo definitivamente.

No sé cuánto tiempo ha pasado. Despierto y me siento bien. Puedo mover mis manos y mi cuerpo. Por el ojo que está bien, veo un pedazo de un cerro y una punta del manto de la Virgen del Carmen. Me parece extraño. ¿Dónde estoy? ¿Es el Cerro Santa Lucía o el San Cristóbal? No puede ser el San Cristóbal porque la Virgen es más grande y esta es chiquita. Me enderezo en la cama y una linda enfermera, un ángel, me saluda.

Se asoman otras enfermeras y me hacen señales con sus manos saludándome. Aparece un doctor, me examina con cuidado y pregunta:

– ¿Te duele algo? ¿Tienes dificultades para respirar?
Muevo mis piernas, mis brazos, contraigo el estómago, respiro hondo, muevo la cabeza en círculos antes de responder:

Me siento bien –le digo – pero tengo sed y un hambre horrible.

El doctor se ríe y comenta en voz alta para todos:

 - Volvió este hombre. Ahora sí que estamos bien. Denle unos dos centímetros de agua, que venga la nutricionista y la traumatóloga – y se va a ver otros enfermos que, recién me doy cuenta, están graves y agonizando en las camas adyacentes.

Pido un papel y me siento a escribir en la cama un poema. Siento un altavoz y es alguien que pregunta por mi salud desde Montreal, Canadá. Sonrío y estoy alegre, un poco confundido porque no sé donde me encuentro.  

El ángel me cuenta que estoy en la UTI de la Universidad Católica, que he estado en coma muchos días, que lograron que reaccionara con un antídoto contra la botulina preparado con suero de caballo, que me han operado un ojo, que he bajado mucho de peso y que en adelante tengo varias semanas para recuperarme y volver a la normalidad.

Son muchas las noticias y no proceso muy bien. Quiero dormir. Dejo el poema en la cama y me relajo.

Despierto con voces de mando en la sala. Discuten médicos, enfermeras y gendarmes. Ganan estos últimos y me suben a una camilla esposando mis manos y poniendo grilletes a mis pies.

Vuelvo de sopetón a la realidad y quiero gritar. Hubiese preferido morirme antes de volver al penal. Lloro de rabia y pena. El ángel se acerca y me inyecta algo diciéndome que es para el camino, para que descanse. Me amurro y sin darme cuenta me duermo.

Cuando despierto me doy cuenta que estoy en una cama del Hospital de la Penitenciaría. La sala está vacía y veo el parpadeo de la luz de un televisor en una pieza contigua. Me siento en la cama y veo frente a mi ventana el gran muro que rodea la cárcel. Y un guardia con su arma en ristre mirándome desde su torreta.

Hacia la sala contigua, desde mi nueva posición veo a una enfermera que está viniendo hacia mí y al abrir la puerta permite que la música de los villancicos llegue a mis oídos.
– Feliz Navidad –, me dice la enfermera con un ramo de flores en la mano.


Yo solo pienso: “…aquí vamos de nuevo… sobrevivimos al envenenamiento. Ahora a sobrevivir para aportar lo que sea posible al derrocamiento de la dictadura”.



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A PROPOSITO DEL DICTAMEN DEL JUEZ MADRID QUE SOMENTE A PROCESO A CUATRO MIEMBROS DE LAS FFAA POR ENVENENAMIENTO DE 1981




¿JUSTICIA?


DESPUES DE 33 AÑOS EN QUE FUI ENVENENADO ESTANDO EN PRISION EL JUEZ MADRID SOMETE A PROCESO A CUATRO MIEMBROS DEL EJERCITO POR ESTA ACCION QUE TERMINO CON DOS PRESOS MUERTOS Y CUATRO RESTANTE CON GRAVES DAÑOS FISICOS DE POR VIDA.
33 AÑOS PARA QUE SEAN SOMETIDO A PROCESO CUATRO PERSONAS (DESCONOZCO TODA LA ACUSACION, PERO LOS COMPLICES DE GENDARMERIA NO APARECEN AL MENOS PUBLICAMENTE MENCIONADOS Y ELLOS DENEGARON ATENCION MEDICA EN SU MOMENTO) Y OBVIAMENTE NO APARECEN LOS MANDOS POLITICOS QUE DISEÑARON ESTA OPERACION A GRAN ESCALA, INCLUIDO TODOS LOS QUE PRESTARON ROPA, COMO LOS MEDIOS DE PRENSA QUE ACOGIERON TRANQUILAMENTE LA VERSION DE QUE " NOS HABIAMOS INTOXICADO"...
33 AÑOS PARA QUE LOS SOMETAN A PROCESO, ¿SIGNIFICARA OTRA TENDALA DE AÑOS ESPERANDO QUE SEAN CONDENADOS?

EN ESTE CASO CRIMINAL, DE CRUELDAD ABSOLUTA CONTRA UN GRUPO DE PRISIONEROS, SE DEMUESTRA EL GRADO A QUE LLEGAN LOS PODEROSOS EN EL USO DE LA VIOLENCIA QUE TANTO RECLAMAN CUANDO EL PUEBLO LA USA.
ESTA MISMA VIOLENCIA Y CRUELDAD, IMPUNE Y EJECUTADA CON TODOS LOS MECANISMOS DEL ESTADO, ES LA MISMA QUE USAN CONTRA MAPUCHES, PORTUARIOS, CONTRA TODO AQUEL QUE SE LEVANTA A LUCHAR VERDADERAMENTE.

QUE DESPUES DE 33 AÑOS RECIEN SE PUEDA DECIR CLARAMENTE QUE ESTA FUE UNA ACCION DEL ESTADO, DE LA DICTADURA MILITAR Y QUE AUN NO EXISTA JUSTICIA, DEMUESTRA NUESTRAS DEBILIDADES, NUESTRA PRECARIEDAD, DEMUESTRA QUE FINALMENTE FUIMOS OBLIGADOS A ACEPTAR MIGAJAS DE JUSTICIA DENTRO DE LO POSIBLE, DE IMPUNIDAD DE LA QUE GOZAN FLAMANTES CIVILES CONVERTIDOS HOY EN DEMOCRATAS CON ASIENTO EN EL PARLAMENTO.

"...NO HABRA PIEDRA NI MAR QUE LOS PROTEJA NI CAVERNA NI GUARIDA PERDONADA...." (KARAXU) 


link: Dictamen del Juez Madrid

http://www.poderjudicial.cl/noticias/File/AUTOREO%20POR%20CARCEL%20PUBLICA.pdf?opc_menu=&opc_item=


http://www.cambio21.cl/.../20140124/pags/20140124090236.html

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miércoles, 15 de enero de 2014

LOS NUEVOS FUNDAMENTALISTAS (TOMADO DE LA RED CHARQUICAN)


LOS NUEVOS FUNDAMENTALISTAS
por Tom Engelhardt
En un libro de texto mío de los años cincuenta puedo recordar a un marciano que aterrizaba en la Calle Mayor, EE.UU., para recibir instrucción sobre las glorias de nuestro sistema político. Ya sabéis: nuestro Gobierno tripartito, sistema de mecanismos de control y equilibrio de poderes, milagroso conjunto de derechos y vibrante democracia. Entonces los estadounidenses pensaban que había mucho de lo que sentirse orgullosos y por lo tanto, en esa generación de niños, muchos marcianos fueron instruidos en el modo de vida en EE.UU. Actualmente, sospecho, no tantos.
A pesar de todo, me pregunté qué lecciones podrían ofrecerse a un marciano que hiciera un aterrizaje forzoso en Washington al comenzar 2014. Ciertamente los mecanismos de control y equilibrio de poder, los derechos y la democracia, no encabezarían ninguna lista del año nuevo. Desde mi infancia, de hecho, ese Gobierno tripartito se ha convertido en una cuarta parte, un Estado de seguridad nacional que carece notablemente de mecanismos de control y equilibrio de poder. Últimamente, esa estructura laberíntica de agencias de inteligencia que se transforman en aparatos para librar la guerra, los militares estadounidenses (con sus propias fuerzas armadas secretas, las fuerzas de operaciones especiales, gestando en su interior) y el Departamento de Seguridad Nacional, un conglomerado monstruoso de agencias que es un verdadero “departamento de defensa”, así como un vasto contingente de fabrican tes de armas, contratistas, y especuladores reforzados por un ejército de lobistas, nunca ha dejado de crecer. Ha logrado la lealtad imperecedera del Congreso, ha abarcado el poder de la presidencia, se ha convertido en un programa para generar puestos de trabajo para el pueblo estadounidenses y ha estado en gran parte libre de hacer lo que le diera la gana con una cantidad casi ilimitada de dinero público.

Históricamente, la expansión del Estado de seguridad nacional de Washington –llamémoslo el NSS (por su nombre en inglés) – a proporciones descomunales ha enfrentado poca oposición. Después de las revelaciones de Edward Snowden, sin embargo, ha aparecido una cierta resistencia, especialmente cuando se trata del “derecho” de una parte del NSS a convertir el mundo en un puesto de escucha y a reunir, en particular, comunicaciones estadounidenses de todo tipo. El debate al respecto –limitado invariablemente dentro de las fronteras de si deberíamos tener más seguridad o más privacidad y cómo equilibrar las dos cosas– ha sido razonablemente vigoroso. El problema es que no comienza a tocar la verdadera naturaleza del NSS o los problemas que plantea.

Si tuviera que instruir al marciano extraviado perdido en la capital de la nación, podría escoger otro marco enteramente diferente para mi lección. Después de todo, el enfoque del NSS, que ha crecido como un espíritu maléfico a proporciones monumentales dentro del cuerpo del sistema político, podría parecer claramente monomaníaco, si solo pudiésemos salir por un momento de nuestro modo normal de pensar. Al coste de casi un billón [millón de millones] de dólares al año, nuestro principal enemigo global consiste en miles de yihadistas e imitadores de yihadistas ligeramente armados repartidos sobre todo por los páramos del planeta. Son capaces de causar verdadero daño –aunque mucho menos a EE.UU. que a muchos otros países– pero no de estremecer nuestro modo de vida. Y sin embargo para los dirigentes, burócratas, compinches corporativos, soldad os rasos y acólitos del NSS, es un objetivo que nunca puede ser suficientemente intenso por cuenta de un sistema que nunca puede crecer o ser financiado suficientemente.

Ninguna de las metodologías a las que recurrimos normalmente para comprender el Estado de seguridad nacional captura la irracionalidad, la auténtica absurdidad y la verdadera demencia que forman su base. Tal vez ayudaría re-imaginar lo que se ha desarrollado en estas últimas décadas como un sistema basado en la fe, una nueva religión nacional. Es, por lo menos, la manera en que lo cómo explicaría el nuevo Washington a ese marciano perdido.

Guerreros sagrados


Imaginad lo que llamamos “seguridad nacional” como, fundamentalmente, una religión guerrera para conquistar prosélitos. Tiene sus santas hermandades. Tiene sus textos sagrados (clasificados). Tiene su dogma y sus sacerdotes guerreros. Tiene su tierra prometida santificada, conocida como “la patria”. Tiene sus seminarios, que llamamos think-tanks. Es una fe monoteísta porque no menciona ninguna alternativa a sí misma. Es maniquea en su visión del mundo. Como en el caso de muchas religiones, su dios es un ojo en el cielo, un Ser vidente total que conoce tus secretos.

Edward Snowden, el hombre quien en 2013 apartó la cortina sobre parte de este sistema, revelando su verdadera naturaleza a todo el que quisiera verla, es un apóstata, que nunca será perdonado por los miembros de las santas hermandades. Es un Judas que debe ser cazado, devuelto a EE.UU., juzgado como “traidor”, y entonces –dicen algunos guerreros en retiro del NSS (que a menudo canalizan las opiniones y sentimientos de los que se mantienen en sus puestos)– ser ahorcado por el cuello hasta la muerte o colgado “de un alto roble”.

Al Qaida es, por supuesto, el Diablo del sistema, y se sabe que su maligna semilla cae y crece en cualquier parte del planeta de Sana ‘a, Yemen, a Boston, Massachusetts, si no estamos eternamente, y cada vez más, en guardia. En nombre de la épica lucha global en su contra y la necesidad de proteger la patria, nada es suficiente, ningún paso llega demasiado lejos. (Como el Diablo cambia tradicionalmente de forma, es capaz de manifestarse de muchas maneras, es posible, sin embargo, que mañana adopte la versión de, digamos, China.)

No es sorprendente que los dirigentes de este sistema basado en la fe sean verdaderos creyentes fundamentalistas. No llevan largas barbas, no agitan el Corán, ni gritan “Muerte al Gran Satanás”, o viven en los páramos del planeta. En su lugar, hablan como burócratas, tienden a lucir uniformes militares y medallas, y habitan instalaciones gubernamentales de alta tecnología. Como son fundamentalistas, no pueden, en el sentido normal, ser religiosos en absoluto. No están obligados a creer en la importancia de “volver a nacer” o temer ser “dejados atrás” en un futuro Fin de los Tiempos – aunque semejantes creencias tampoco los desclasifican.

Profieren el equivalente de fatuas contra los que anuncian que son sus enemigos. Tienen un conjunto de leyes parecidas a la Sharia, inmutables e inflexibles. Los castigos por quebrantarlas podrán no incluir la lapidación o cortar manos, pero incluyen dar muerte.

La suya es una implacable religión guerrera, que invoca el castigo de gente que a menudo es visto solo mediante una señal de vídeo, a miles de kilómetros de distancia de Washington, D.C., Langley, Virginia, o Fort Meade, Maryland. Las armas disparadas por su flota de aviones sin tripulación no se llaman misiles Hellfire [fuego del infierno] por error, ya que ciertamente creen que aportan fuego del infierno y azufre a los pecadores políticos del mundo. No es por un evento fortuito el que a los aviones que disparan esos misiles los llamen Predators [depredadores] y Reapers [segadores], porque se consideran como repartidores ungidos de Muerte a sus enemigos.

Mientras tienen un poderoso deseo ardiente de mantener la fe que el público estadounidense tiene en ellos, también creen profundamente que lo saben mejor, que su conocimiento es el equivalente en Washington de bendición de Dios, y que los misterios más profundos y secretos de su fe deben ser mantenidos en secreto.

Hasta que entras a sus órdenes y asciendes en su mundo secreto, existe algo como demasiado conocimiento. Como resultado, han desarrollado un sistema basado en la fe de secreto en el cual los misterios más profundos han estado, hasta hace poco, en manos de la cantidad más pequeña de creyentes, en el cual los problemas son adjudicados en un sistema de “corte” tan secreto que solo los argumentos favorecidos por el Estado de seguridad nacional pueden ser presentados a sus jueces, en el cual casi cada documento producido, no importa cuán anodino, será clasificado como demasiado peligroso para ser leído por “la gente”. Esto significa que, hasta hace poco, la mayor parte de las evaluaciones de las actividades del Estado de seguridad nacional deben ser tomadas en buena fe.

Además, al servicio de esa fe, funcionarios del NSS podrán –y su religión lo permite– mentir y manipular al público, al Congreso, aliados, o cualquier otro, y hacerlo sin compunción. Pueden negar públicamente realidades que saben que existen, u ofrecer, como ha escrito Conor Friedersdorf, declaraciones “exquisitamente elaboradas para engañar”. Lo hacen sobre la base de la creencia en que los secretos más profundos de su mundo y cómo opera solo pueden ser verdaderamente comprendidos por los que ya han sido enlistados en sus órdenes. Y sin embargo, no nos manipulan simplemente al servicio de su Única Fe Verdadera. Nada es tan simple como parece. Antes de manipularnos a nosotros, deben pasar años manipulándose a sí mismos. Solo porque ya se han convencido de la profunda verdad de su misión aceptan la necesidad de manipular a otros en lo que sigue pasan do por ser una democracia. Para servir al pueblo, en otras palabras, no tienen otra alternativa que mentirle.

Como otras instituciones religiosas en sus años de apogeo, el NSS también ha mostrado una sorprendente capacidad para generar apoyo para su estructura en permanente crecimiento convirtiéndose en una lucrativa operación global. En un mundo en el cual los verdaderos enemigos son notablemente escasos (aunque nunca se sabría por el evangelio según ellos), ha mostrado una habilidad notable en unir a los que podrían apoyarlo financieramente, llámense demócratas o republicanos, y al asegurar, incluso en tiempos presupuestarios difíciles, que sus cofres sigan estando hasta los topes.

También se ha esforzado por expandir lo que, desde 1961, ha sido conocido como el complejo militar-industrial. En el Siglo XXI, el NSS se ha esforzado especialmente por subvencionar corporaciones bélicas dispuestas a entrar al campo de batalla junto a él. Al hacerlo, ha “privatizado” –es decir, corporativizado– sus operaciones globales. Esencialmente se ha fusionado con un conjunto de equipos compinches que ahora hacen una parte significativa de su trabajo. Ha contratado decenas de miles de contratistas privados, creando espías corporativos, analistas corporativos, mercenarios corporativos, constructores corporativos, y proveedores corporativos para una estructura que se convierte crecientemente en el centro de beneficios de un Estado dentro de un Estado. Todo esto, por su parte, ayuda a apoyar una creciente clase de guerreros teocráticos en el lujo al que se ha acostumbrado.

Desde el 11-S, el resultado ha sido una religión de conflicto perpetuo cuyas doctrinas tienen a ser cada vez más extremas. En nuestros días, por ejemplo, el NSS ha pasado de la “doctrina del 1%” de Dick Cheney (si existe aunque sea un 1% de probabilidades de que un país pueda atacarnos algún día, deberíamos atacarlo primero) a algo como una “doctrina de 0%”. Sea en sus guerras de drones con sus “listas de asesinatos” presidenciales o en la ciberguerra –probablemente la primera en la historia– que lanzó contra Irán, ya no se preocupa por argumentar la mayor parte del tiempo de que semejantes ataques necesitan siquiera una justificación de 1%. Su continua, autoproclamada, guerra global, sea en tierra o en el aire, en persona o mediante drones, en el espacio o en el ciberespacio (en el cual su más reciente comando militar ya está en acción) e s suficiente justificación para casi cualquier acto, por agresivo que sea.

Junta todo esto y lo que se tiene es una descripción de una organización militante cuyo propósito es realizar una versión al estilo de Washington de una yihad global, una guerra perpetua en nombre de la verdadera fe.

Mirado de otra manera, el Estado de seguridad nacional también es una inmensa farsa, un gigantesco fraude de un sistema de creencias que solo está a la altura porque sus seguidores nunca se preocupan de ver el mundo a través de ojos marcianos.

Comencemos por su lado descomunal. No importa cómo se mire, el NSS es un “Aunque Usted no lo Crea” de Ripley de cifras asombrosas que, una vez que uno se sale de su sistema de pensamiento, no tienen sentido. Se calcula que el presupuesto nacional de defensa de EE.UU. es mayor que el de los próximos 13 países en conjunto – o sea, simplemente más caro fuera de serie. La armada de EE.UU. tiene 11 grupos de ataque de portaaviones y ningún otro país tiene más de dos. Ningún otro órgano de seguridad nacional puede pretender que obtiene “casi cinco mil millones de registros por día sobre la ubicación de teléfonos celulares en todo el mundo”; ni, como el grupo de Operaciones de Fuentes Especiales de la Agencia de Seguridad Nacional en 2006, alardear de ser capaz de ingerir el equivalente de una “Biblioteca del Congreso cada 14,4 segundos”; ni tiene competidore s cuando se trata de construir “complejos para trabajo de inteligencia de máximo secreto” (33 solo en el área de Washington entre 2001 y 2010). Y sus programas de construcción en EE.UU. y globalmente son interminables.

Está creando un cazabombardero que será el sistema de armas más costoso en la historia. Sus fabricantes de armas controlaron un 78% del mercado global de armas en 2012. Cuando sus militares partieron de Iraq después de ocho años de invasión y ocupación, se llevaron tres millones de objetos que iban de vehículos blindados a ordenadores laptop y sanitarios portátiles (y destruyeron o entregaron a los iraquíes innumerables más). En un mundo en el cual otros países tienen, en el mejor de los casos, un puñado de bases militares fuera de su territorio, tiene innumerables cientos. Solo en 2011, logró clasificar 92.064.862 de los documentos que generó, otorgando al secreto un nuevo orden de magnitud. Y eso es solo meter un dedo en el océano de un Estado nacional de seguridad que deja pequeño al que libró la Guerra Fría contra una verdadera superpotencia imperial.

De nuevo, si uno se sale un poco del mundo del dogma del NSS y los argumentos que lo acompañan, semejantes cifras –y son una legión– seguramente representarían una de las peores inversiones en la historia moderna. Si un sistema de este tipo no se basara en la fe, y si esa fe no fuera aceptada tan general y profundamente (incluso si ahora podría estar disminuyendo), la gente consideraría automáticamente cifras semejantes y los resultados que producen y preguntaría por qué, a pesar de todas sus promesas de seguridad y protección, el NSS no produce resultados con tanta regularidad. Y por qué la reacción ante las fallas siempre puede ser encapsulada en una palabra: más.

Después de todo, si el Siglo XXI nos ha enseñado algo, es que las fuerzas armadas más costosas y sobre-equipadas del planeta no pueden ganar una guerra. Sus dos intentos multibillonarios desde el 11-S, en Iraq y Afganistán, ambos contra insurgencias minoritarias con armamento ligero, resultaron ser desastrosos. (En Iraq, sin embargo, a pesar de una ignominiosa retirada estadounidense y el caos que resultó en la región, el NSS y sus seguidores han seguido promoviendo la idea de que la “oleada” del general David Petraeus fue ciertamente algún tipo de “victoria” histórica de último minuto.)

Después de 12 largos años en Afganistán y una oleada de la era Obama en ese país, el último sombrío Cálculo de Inteligencia Nacional de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. sugiere que no importa lo que Washington haga ahora, la probabilidad es que las cosas en ese país solo irán de bastante malas a mucho peores. Años de campaña de drones contra al Qaida en la Península Arábiga han fortalecido esa organización; una intervención aérea en Libia condujo al caos, un embajador muerto, y un movimiento creciente de al Qaida en el norte de África – y así se repiten las cosas.

De la misma manera, funcionarios de inteligencia alardean de complots terroristas –¡54 de estos!– que han sido desbaratados gracias totalmente o en parte a las barridas de metadatos de llamados telefónicos en EE.UU., por la Agencia de Seguridad Nacional; también afirma que, en vista de la necesidad de secreto, solo cuatro de ellos pueden ser hechos públicos. (Las afirmaciones de éxito respecto incluso a esos cuatro, al ser examinadas por periodistas, han resultado ser menos que impresionantes.) Mientras tanto, la fuerza de tareas presidencial encargada de revisar las revelaciones de la NSA, que tiene acceso a una gama mucho más amplia de información confidencial, llegó a una conclusión aún más sorprendente: no se pudo encontrar un solo caso en el cual esos metadatos que la NSA almacena en masa haya frustrado un complot terrorista. “Nuestro estudio”, escribió el panel, “sugiere que la información que contribuyó a investigaciones de terroristas mediante el uso de la sección 215 de metadatos telefónicos no fue esencial para impedir ataques”. (Y hay que considerar que, sobre la base de lo que sabemos sobre semejantes complots terroristas, una cantidad sorprendente de ellos fueron planificados, iniciados o posibilitados por infiltrados del FBI.

De hecho, las afirmaciones de éxito contra semejantes complots, no podrían ser más basados en la fe, ya que se basan generalmente en la palabra de funcionarios de inteligencia que han demostrado ser poco fiables o en la afirmación, imposible de probar o desmentir, de que si un sistema semejante no existiera, podrían haber ocurrido cosas peores. Esa versión de una historia de éxito está bien resumida en la afirmación de que “no tuvimos otro 11-S”.

En otras palabras, en términos de resultados concretos y prácticos el Estado de seguridad nacional de Washington debiera ser visto como un notable fracaso. Y sin embargo, en términos basados en la fe, no podría ser un éxito más grande. Sus falsos dioses son ampliamente aceptados por aclamación y adorados regularmente en Washington y más allá. A medida que sigue el financiamiento, el NSS se ha transformado en algo como un gobierno en la sombra en esa ciudad, mientras excluye de toda discusión seria la posibilidad de su propio desmantelamiento futuro o de lo que podría reemplazarlo. Ha convertido en efímeras otras opciones y los peligros más inmediatos que el terrorismo para la salud y el bienestar de los estadounidenses parecen, en el mejor de los casos, secundarios. Ha inyectado el miedo en el alma estadounidense. Es una religión de poder estatal.

Ningún marciano podría confundirlo con alguna otra cosa.

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lunes, 13 de enero de 2014

DECLARACION DE TRABAJADORES AL PODER (ENERO 2014)

En esta declaración quisiéramos abordar algunos aspectos de gran relevancia que han venido ocurriendo este último tiempo, pero debido a distintas circunstancias han incidido en el debate político con mayor fuerza está semana, en primera instancia quisiéramos solidarizar con la lucha que han emprendido los trabajadores Portuarios de diferentes zonas del país, movilización que contempla una serie de reivindicaciones que ya los puso en confrontación el año pasado con la poderosa familia Von Appen, fieles representantes de los sectores más ricos de la Burguesía Chilena. Reivindicaciones que forman parte de una de las luchas más relevantes que deben emprender los trabajadores hoy en día en nuestro país, contra el brutal avance del Capitalismo sobre la esfera del trabajo, es decir la subcontratación, que trae consigo condiciones inhumanas de trabajo y que limitan  las posibilidades de organización y negociación colectiva de los trabajadores.

Si bien creemos que la lucha en perspectiva es mucho más larga y se sitúa en el plano por avanzar hacia el fin de todo tipo de explotación, consideramos que la articulación por rama llevada a cabo por los trabajadores Portuarios, su enorme ímpetu de lucha por conseguir sus reivindicaciones y la solidaridad permanente que se ha dado entre algunos puertos, son un enorme ejemplo y además  son  señales que nos va entregando la lucha de clases y de las cuales no podemos seguir permaneciendo ajenos, es precisamente en estos procesos  donde nuestra clase trabajadora materializa el avance en la conciencia y conoce las implicancias de sus enormes fuerzas.

Por  otro lado quisiéramos saludar la infatigable lucha que durante siglos ha sostenido el Pueblo Mapuche y que estos últimos años se ha profundizado, a un año más de la muerte de Matías Catrileo, la mejor conmemoración de parte de su pueblo es seguir luchando, enorme ejemplo que debemos tomar de parte de un pueblo que no descansa por alcanzar sus objetivos y que durante este último tiempo los ha puesto en directa confrontación con el Estado Chileno y los diferentes empresarios, que por años han usurpado sus tierras. Acciones que se multiplican en el tiempo en distintos lugares de la  zona y que burlan los diferentes métodos que el Estado ha instalado para proteger  empresas forestales, fundos, etc. Métodos de contrainsurgencia que se han venido utilizando hace años en el territorio y que contemplan secuestros, arrestos a menores de edad, aplicación de la ley antiterrorista y militarización de la zona con efectivos regulares, grupos especiales y alta tecnología (instalaciones de cámaras, helicópteros y sistema infrarrojo, etc.).

En este sentido el Pueblo Mapuche ha podido comprobar y su territorio también ha  servido de prueba  para  la instalación práctica  de las medidas contrainsurgentes de manera sistemática hace algunos años. Medidas que comienzan a ser trasladadas poco a poco a otras zonas de nuestro país  y que han sido foco de la persecución y el secuestro de estudiantes secundarios principalmente.

Desde nuestra perspectiva el enorme ejemplo de  lucha del sector Portuario y la importancia que ha ido tomando la Unión Portuaria al calor de la lucha, además de otros sectores afectados por la Agroindustria o la instalación de megaproyectos energéticos, sumado a la gallardía de los estudiantes  son parte significativa de este nuevo ciclo de que se abre en la lucha de clases y que tiene como añadidura la lucha del pueblo Mapuche a la que nadie puede ser indiferente.

No obstante este ascenso en la lucha de masas, en una franja de nuestro pueblo como definíamos hace un tiempo, se enfrentara en este nuevo periodo a dos aspectos importantes a considerar.
Primero los arduos intentos de la clase dominante por relegitimar la institucionalidad en cuestión, que tendrá su primera expresión  en la avanzada propuesta programática de la nueva mayoría, que buscara mediante la institucionalidad responder algunas demandas sin la necesidad de despeinar un ápice el modelo, logrando mediante la coaptación y contención de los movimientos sociales la tan nombrada gobernabilidad para Bachelet.

En segundo lugar el avance sistemático de la represión es evidente en nuestro país y nos lleva a recordar cómo este elemento ha afectado en demasía durante diferentes episodios de la historia  frenando e inaugurando lamentables procesos de retroceso en las luchas del pueblo, aspecto que hoy sin duda debemos considerar, en este sentido la aprobación de la tan renombrada ley Hinzpeter, no es más que la readecuación del marco jurídico necesario para legitimar la  represión que se ha venido ejerciendo de facto y que como pueblo tendremos que enfrentar, de igual manera respondiendo al carácter de clase del Estado y sus distintas instituciones, no es extraño reconocer como la Burguesía, ha operado bajo el consentimiento del Estado, primero exigiendo al gobierno intromisión en los conflictos,  como las declaraciones de Ronald Bown, Presidente de la Asociación de exportadores de fruta, exigiendo al gobierno intervenir en un conflicto que según la Federación de productores de Fruta hasta la fecha estima pérdidas de 40 millones de dólares en el sector y que preocupa sus ostensibles ganancias, aspecto al cual el gobierno responde con represión y el impulso de una mesa de negociación, sumado a la inserción de un artículo de Ultraport en el diario el Mercurio del Domingo, así como también la inserción de una plana firmado por 11 instituciones y empresas de la zona del ‘’conflicto Mapuche’’ denunciando el fracaso del Estado en el territorio y exigiendo mano dura en el conflicto.

Por otro lado tenemos la persecución, secuestro y asesinato de  dirigentes sindicales, que opera en el plano de la ilegalidad y que hasta la fecha no encuentra culpables, es el caso del Dirigente del Puerto Angamos, perseguido y brutalmente golpeado ¿accidente? (averiguar)  o él aun inconcluso caso de Juan Pablo Jiménez a casi un año de su asesinato.

En conclusión asistimos a la implementación práctica de un Estado contrainsurgente y no podemos enfrentarlo con inmovilismo, por lo tanto debemos seguir desarrollando la organización independiente, el desarrollo del poder popular golpeando al enemigo de clase en sus puntos más frágiles y vulnerables.

En este sentido las clases dominantes y el reformismo seguirán en el intento de aislar a los revolucionarios, por lo tanto debemos comprometernos con la unidad, desarrollando procesos de lucha conjunta. En este sentido hacemos un llamado a solidarizar de manera activa con el paro Portuario  mediante acciones directas (cortes, toma de espacios, protesta, agitación etc.) y sumándonos a las diferentes convocatorias de movilización.

Llamamos a prepararnos para un año de la conmemoración del asesinato de Juan Pablo Jiménez, dirigente sindical asesinado, con todo el ímpetu y las fuerzas con las cuales nuestro compañero emprendió su lucha contra los abusos de Azeta y el fin del subcontrato, mediante la movilización, la agitación y la acción concreta.

A fortalecer y enriquecer los diferentes espacios que hoy encarnan la materialización de estos procesos, como La Unión Portuaria, Todos somos Asamblea y las diferentes expresiones de organización estudiantil tanto secundaria como universitaria.

Finalmente convocamos al conjunto de nuestro pueblo y a las demás organizaciones revolucionarias  a hacer insostenible la gobernabilidad de la Nueva Mayoría, mediante la lucha, la acción directa, la agitación y la propaganda, logrando profundizar el  actual ascenso de las luchas

Junto al Pueblo, con acción directa a desatar la crisis de gobernabilidad de las clases dominantes.

Trabajadores al Poder

Enero 2014



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