sábado, 15 de diciembre de 2012

COMENTARIO DEL LIBRO “DE CARRANCO A CARRAN” DE JOSE MANUEL BRAVO (ALMA NEGRA)


De repente uno se encuentra en pleno periodo prerevolucionario en Chile, conversando con campechas madederos del fundo Carranco, discutiendo la mejor manera de administrar los enormes predios tomados por los campesinos, cruzando lagos en barcazas, apilando troncos desde donde nacerán todo tipo de molduras y muebles, manejando maquinas diversas, en fin, construyendo poder de los trabajadores, luchando, soñando. Y de súbito el sueño se convierte en pesadilla. Se palpa el desconcierto frente al golpe de estado, se respira la ingenuidad mezclada con un heroísmo puro. Y surge entonces una de las historias más bellas y dolorosas de este Chile amnésico, una historia donde el hielo, la nieve, la persecución de un grupo de campechas revolucionario que se enmontañan no para sobrevivir, sino que para retomar la iniciativa tras la contrarrevolución patronal y desatar la resistencia. Y el relato se desgrana en nombres que porfían por no morir definitivamente, en lugares transitados testigos de compañeros congelándose y muriendo, surgen los nombres de héroes anónimos, de campesinos que aportan el único caballo, la barcaza, un par de zapatos urgentes, un poco de alimento, para que la llama de la consecuencia y de la resistencia no se extinga.  Uno recorre las páginas de este libro primero eufórico, viendo el poder popular materializado, la consigna traducida en cotidianeidad, el sujeto “fuerza social revolucionaria” retratado en rostros, acciones, aprendizajes, incertidumbres. Y luego el libro se lee a salto de mata, agazapado, desde un escondrijo, caminando en las noches, con la nieve hasta la cintura, reviviendo esa epopeya que tiene nombres que ya son historia.

“De Carranco a Carrán “ es vivencia pura, es recuerdo y memoria viva, es llama que no quiere extinguirse, es un libro de 269 páginas, editado por LOM, escrito por un campesino, un “Campeche”  de Neltume que nos relata en 38 capítulos su historia, la historia de los madereros, de sus familias, la historia de las luchas campesinas en el sur de Chile, la historia del MIR, de los revolucionarios concretando sus proyectos políticos, historia que el narrador interrumpe arbitrariamente en 1974 dejándonos con ganas de saber más, de  continuar aprendiendo, de conocer los hechos posteriores. Es un libro que nos vuelve a traer a José Gregorio Liendo Vera, el mítico Comandante Pepe, fusilado por la justicia de los patrones, a “Claudio” llamado en esta historia “Lucas” y de nombre Mario Edmundo Superby Jeldres quien cae asesinado en una emboscada de las FFAA por obra de una de los tantos traidores que se esconden en las filas del pueblo, en fin, nombres como Rene Roberto Acuña Reyes, campesino, Hugo Rivol Vásquez Martínez y por supuesto el de Fernando Krauss  Iturra, el “pelao” Krausse jefe magnifico del MIR Regional Valdivia, fusilado también en el recinto militar de Llancahue, en la salida sur de Valdivia, junto a 12 militantes del MIR y miembros del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) los días 3 y 4 de Octubre de 1973.

“La idea de repliegue era hacia la Cordillera de Llollelhue, al interior de Pilmaiquen, la zona donde originalmente habíamos pensado, es decir, hacia los montes ubicados al sur del rio Fuy. La situación en que estábamos, sin embargo, era caótica para internarse en la montaña. No teníamos equipo adecuado: ni mochilas, ni ropas, ni carpas, ni alimentos, nada.” Y sin embargo, para sobrevivir y resistir un grupo encabezado por Lucas y Jacinto se enmontañan, esquivan la muerte que cae sobre aquellos que son apresados y fusilados, deambulan superando nieves, hielos, hambre, la persecución de fuerzas represivas que le pisan los talones, caen en emboscadas y rompen:

“-¡Buenas noches, jóvenes!
Por el tono autoritario de la voz nos dimos cuenta de que habíamos caído en medio de una emboscada. El lugar estaba plagado de soldados que usaban la casa como cuartel o algo parecido. Nos quedamos ahí parados, como petrificados.
- ¡Buenas noche, amigo!
Contesta Eusebio, que era quien iba más próximo a la posición del tipo. La forma de responder de Eusebio, aparentando sumisión y humildad, cual si fuera un campesino lugareño, al parecer confundió al milico.
-  Acércate p ´acá, guacho- volvió a decir el milico, ahora en un tono entre relajado y amistoso.
Entonces los tres giramos para allá, hacia el corredor del frontis, que era el lugar exacto desde donde el hombre nos hablaba. Los tres lo hicimos sacando y alistando nuestras armas. Fue una reacción automática, instintiva, pues no hubo posibilidad de decir ni hacer nada, ni nos habíamos puesto de acuerdo de antemano; pero los tres reaccionamos, como si fuéramos uno, con nuestras armas dispuestas. No teníamos otra alternativa que salir de allí del modo más directo y por el lado más simple: o sea, yendo al frente. Estaba todo tan obscuro que estoy seguro de que el milico creyó que se trataba de una sola persona. Cuando iba llegando al umbral del corredor, el Mono levantó la pistola Máuser, le apunto a la cabeza y apretó el gatillo.
¡Clic!
Escuchamos clarito el chasquido seco y vacío del martillo que percuto la bala pero que no hizo explosión. El maldito disparo no salió. El Mono afligido, pego un grito, de desesperación o locura, y se lanzó a toda velocidad adelante. En el mismo momento en que el Mono gritó se encendieron los reflectores. Dos reflectores. Los focos los tenían instalados en una especie de miradores del segundo piso de la casona. Los focos trataban de seguir al Mono que corría zigzagueando por medio del camino y los soldados le dispararon sus primeras ráfagas.
Simultáneamente, Eusebio, que estaba ubicado entre el milico y yo, se acercó más al corredor y le disparó.”

El grupo rompe el cerco, suben a las altas cumbres cordilleranas, son perseguidos por helicópteros, bombardeados, se pierden, se reencuentran, sufren accidentes, logran finalmente sobrevivir y cuando están a punto de salir todos indemnes y están retornando a sus  lugares de origen, un grupo de ellos caen en una emboscada armada con la colaboración de traidores.

El libro no está escrito para adoración de la palabra, de la sintaxis correcta, de la metáfora apropiada o del ritmo e ilación perfecto. Es un libro urgente, que trasunta compromiso, convicciones, ética, sorpresas, confusiones, perplejidad, acciones. Pero también la reflexión certera, la mirada al pasado y la búsqueda de lecciones, la identificación de los conflictos, como el rol pusilánime de la pequeña burguesía en las filas revolucionarias que denuncia.

Es un libro que nos trae lecciones que muchos parecen olvidar, que quieren olvidar: el rol del Estado, el rol de las FFAA como garantes del orden de los patrones, los grados de violencia a los que llega en defensa de sus intereses, que devela los grados de miseria y explotación que se vive en el campo, que nos muestra con claridad las tareas que las fuerzas sociales pueden asumir, las insuficiencias de éstas para enfrentar escenarios donde la violencia armada es la que impone sus determinaciones, la necesidad de construir fuerzas apropiadas para cada tarea, para cada fase.

Posiblemente para los ciudadanos del Chile de los poderosos, para los habitantes del país que se trasladan en autos, que consumen con tarjetas plásticas y a crédito, para quienes se contentan con las migajas y el rol de siervos modernos, este libro es una herejía, una muestra aventurera del extremismo y aventurerismo de desquiciados que no entienden que el capitalismo y su desarrollo es inexpugnable, que solo podemos contentarnos sugiriendo o peleando por reformas cosméticas.

A mi juicio, los de habitantes de Freirina, los de Aysen, los de Dichato, los estudiantes secundarios, encontraran aquí, quizás, muchas de sus mismas reflexiones y enseñanzas.

En todo caso, es una de las tantas historias que no están en los manuales oficiales, que son excluidas, borradas, omitidas por el poder. Ya su sola lectura infunde rebeldía.

P/D: Este libro ya ha sido presentado en Valdivia, en Concepción y próximamente será presentado en Santiago. 

Jose Gregorio Liendo
Mario Superby


Rene Acuña
Fernando Krauss