jueves, 14 de abril de 2011

LAS CALLES (Alma Negra)

En esos años, tan pocos que podía contarlos con mis manos, me intrigaba la noche, las calles, los sonidos que trataba de descifrar. Algunos secos, como ramas quebrándose, el paso de animales, de personas conversando cuyo murmullo llegaba desde la ventana a mi cama, mejor dicho, la cama de mi abuela que me invitaba para calentarle los huesos. Ruidos súbitos, desconocidos llegaban desvelándome, estimulando la imaginación: el sonido cansino y acompasado de los cascos de los caballos tirando las carretelas de apresurados verduleros. El rechinar de las carretas y el jadeo rítmico de quienes la tiraban.

Desde el callejón del pecado llegaban esos otros: las risas, los chillidos y los canticos de las mujeres acompañadas por el sonido majestuoso de un piano o de la una cantarina guitarra.

Cuando traspasé por primera vez el pesado portón de la casa y miré la calle, me impresionó grabándose para siempre en mi recuerdo esa blancura ya extinta de la cordillera nevada. Dolían los ojos al mirarla. Y el sol, maravilloso, cálido, haciendo resaltar los coloridos trajes nuevos que estrenábamos para los dieciocho. Luego la calle se llenó de trompos, volantines, pavos, ñeclas y comisiones, y en las noches caballito de bronce y años después, surtidora de los escondrijos para iniciarse en los escarceos del amor.

Era la calle.
¿A dónde van? – Gritaba mi madre cuando nos veía tratando de escabullirnos de los deberes – y respondíamos a coro: ¡A la calle, má!

La calle de los desfiles de la banda de guerra de la Gratitud Nacional con sus pitos y cajas, la procesión y el Domingo de Ramos, con sus palmas tejidas y las cascadas de rezos; las calles intrincadas de “la cañada” donde Miguel lanzaba el grito de nuestra patota-hermandad graznando como pájaro y los menores le respondíamos graznando a coro, respondiendo a su llamada; o la calle de la animita, calle de brujas y demonios que recorría sin pisar las líneas del cemento y en cuyo extremo estaba el peladero, lugar en que reiteradamente soñaba que me moría, justo al lado del boliche donde nuestra familia compraba con libreta.
Y las otras calles, la de los cogoteos, la calle de muerte donde el Negro Cholongo dejó regada las tripas en medio de una riña de corvos, calle de gritos de espanto y desesperación cuando “la comisión” irrumpía en las casas de Maipú y la noche se llenaba de carreras, balazos y maldiciones, calle donde el pequeño Channy fumaba con la vista turnia divirtiendo a los mayores.

Calle de las aventuras, de charlatanes, adivinadoras y de los últimos tranvías que como dinosaurios urbanos fueron desapareciendo y dejando sus huellas-rieles pegadas en los pavimentos.
Calles que recorría en pantalones cortos, ateridos de frio aquel invierno y que me vio debutar de lazarillo, de cantante de micro, de precoz vendedor de lápices y elásticos, de aprendiz de sastre y pastelero, esa misma invadida por una multitud impresionante que mirando atónita la pantalla novedosa del televisor blanco y negro que la farmacia había instalado para que pudiéramos ver a Leonel aforrándole un cortito al soberbio italiano.

La calle recorrida solo un par de años después con vergüenza, con zapatos rotos rumbo al Liceo, con el hambre de desayunos y almuerzos adeudados, con la rabia de haber descubierto aquellas otras calles escandalosamente iluminadas, con alfombras de césped, habitadas por chalet y mansiones, recorridas por rubios, sirvientas, perros con capas y peinados, calles ajenas donde mi hermano hacia la entrega de cecinas especiales en la bicicleta freno torpedo y que de a poco fuimos memorizando sus nombre encopetados que nuestro lenguaje castizo deformaba.

Y fue mucho después, cuando descubrimos esas otras calles, esas manchadas de petróleo, brea, repletas de cajones, sacos, de materiales diversos acumulados a las puertas, a los costados y patios laterales de las fabricas donde entraban mocetones agiles y llenos de vida y salían hombres cansados y amargados rumiando desesperanzas. Esas mismas calles que se fueron llenando de carpas de huelguistas, de barricadas, de muchedumbres hermanadas y que luego acogieron a los miles de oradores cotidianos, a trabajadores voluntarios, a un enjambre de adolecentes que sentíamos vibrar la clase obrera avanzando tras un destino concreto, desafiando, golpeando a los patrones subversivos y acaparadores que saboteaban el nuevo destino que se construía, convirtiendo los muros en pizarras, en noticieros, en marcos del nuevo arte que florecía, en troneras donde aparecían las siluetas de los coligues y cascos de plásticos de obreros decididos a tomar el futuro en sus manos y que en esos palos y cascos inútiles en la guerra verdadera, presagiaban el lúgubre destino que el intento de tomar el cielo por asalto traería a los hogares, esta vez con orugas de fierros macizo recorriendo las calles y vomitando fuego, bombas desde las alturas arrasando con el sueño y desgarrando para siempre el alma de quienes lo vivíamos.

Y las calles se convirtieron en domicilios, rutas de escape, lugares de encuentro clandestino, de reuniones. Calles cercadas, calles cerradas, controladas donde lo único aceptable era el comercio, el dinero, el desfile de los serviles, de los yanaconas y los incautos. Entonces existieron calles prohibidas, poblaciones enteras prohibidas, asediadas, atacadas por civiles no identificados que pasaban en raudos vehículos disparando al bulto, dejando muertos, vivos consternados y furiosos. Calles que parían odio, héroes anónimos, mujeres desesperadas y hombres de dientes apretados.

Recuerdo esas calles. Ajenas. Vacías. Mudas después de tanta arenga llenando sus espacios. Calles que fueron testigo de las emboscadas para detener, degollar, quemar rebeldes y resistentes. Aceras y pavimentos regados con sangre de mujeres y hombres valientes que caían luchando porque creían que la lucha continuaría hasta la victoria final. Seres humanos gigantescos que no alcanzaron a vivir el asco y la repugnancia de ver a los renegados, a los que se vendieron al poder, que cambiaron sus ideales por un trabajo estable, por un lugar en la nueva sociedad. Pero eso vendría más tarde, porque las calles se convirtieron en teatros de operaciones de la Fuerza Central, del Destacamento, del grupo de Combate, de la milicia, en escenarios de marchas contra el Hambre y la Opresión, luego campo de batalla en las Protestas, altares donde el Movimiento Sebastián Acevedo enseñaba a usar violentamente la no violencia, calles donde mujeres y familiares de presos políticos y detenidos desaparecidos se encadenaban, calles de barricadas, calles donde se repartían los pollos y leches incautados, calles que fueron siendo recuperadas cuadra a cuadra, población a población, metro a metro, esas calles que en boca de Juanito eran nuestro lenguaje de guerra.

Calles convertidas en erizos, en luciérnagas, en laberintos, en desfiladeros, acantilados.

Calles en donde el pueblo en masa se desparramó ingenuamente a bailar, a celebrar, a reírse porque la dictadura había terminado, porque las papeletas de las urnas así lo decían. Llenas de esperanza, de alegría, de llantos de felicidad. Calles donde la mentira y la promesa cautivaron a la ingenuidad y al hastío, dando paso a las calles de hoy.

Los hombres y mujeres pasan apurados sin verse, se estrellan, se empujan, se pisan. Pero no se ven. Luces, neón, plástico, más luces, focos, cámaras registrándolo todo, vitrinas, y sin embrago parecemos caminando en la oscuridad sin vernos.
No vemos a los mendigo, a las niñas prostitutas, a los movidos que como buitres se desplazan acompañándonos para convertirnos en sus víctimas. No vemos al cartonero, al viejo que cansado busca un lugar para descansar sus pies de tanto trajín. Solo vemos los plasmas, las tarjetas de créditos, los precios, los encantos sensuales de los trozos de carne vendidos en pieles bronceadas y rostros bonitos. No escuchamos nada con los audífonos puestos, con los celulares persiguiéndonos, con los spot, con la farándula, con los avisos programados.

Ya no trompos, ni caballito de bronces, ni niñas saltando el cordel o tirando las piedras en la payaya. Los hijos han sido apresados por el wii, el macdonald, la televisión chatarra. Los libros descansan en paz en sus cementerios de líneas planas, el lenguaje hablado y escrito transformado en jerigonzas aptas para el teclado de celulares, Messenger, twitter.

La calle donde ya no habita la comunidad y que ha sido asaltada por seres enfermos de la peste del individualismo, seres que no se inmutan de caminar entre las miles de gigantografías, pendones, afiches, palomas que retratan a los dueños verdaderos de sus destinos que ellos creen conducir.

Calles donde aun están las huellas de tantos que penosamente miran desde la historia como sus propias muertes fueron moneda de cambio para lograr esta paz de los esclavos.

Debemos recuperar nuestras calles, como ayer: esquina tras esquina, cuadra a cuadra, barrio a barrio. Para que la habite el pueblo organizado.
Para que cantemos, bailemos, riamos, nos amanezcamos reconstruyendo el pueblo y la calle de todos.
Debemos re-nombrarlas con el nombre de los que en cada esquina o cuadra cayeron y de los que siguen y seguirán cayendo en esta lucha que, aunque muchos la han abandonado, seguirá hasta la victoria final

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“HAY QUE PURO DARLES JUGO PA´ QUE PAREN DE GOZAR”

Alma Negra

Diariamente viajo en los buses del Transantiago, obviamente después de las consabidas largas esperas. Es, sin embargo, un viaje entretenido, lleno de novedades y aprendizajes.

Sucede que me traslado por la circunvalación Américo Vespucio, atravesando varias comunas mientras suben y bajan decenas de mujeres trabajadoras y obreros que salen o entran de los turnos de las fabricas del cordón de Quilicura, de las empresas de Pudahuel, Maipú, Cerrillos y sobretodo del sector Lo Espejo. ¡Pura clase obrera! Si, esa misma que algunos analistas y académicos dicen que no existe.

¿Ustedes han escuchado a grupos así conversando? ¿No?
Altamente educativo. Se lo recomiendo. Los viajes son largos, así que la función es continua y rotativa, como los cines de antaño.
Comienzan hablando del futbol, luego de la farándula, del carrete y de las minas o minos, para caer finalmente, cual panelistas de set televisivo, en los problemas de la pega, del país y del mundo.

Claro que el lenguaje no es muy pulcro que digamos:

- ¿Cachaste? Parece maricón con el paragua el Kadafy ése !Los gringos quieren puro piteárselo!Leer más[+/-]

    - Chitz huevón, quieren puro asegurarse el petróleo, ni vis que se está acabando weón.- Si po´, y la venden que están protegiendo a la gente, manerita, a bombazo limpio, weón. - ¿Y que me decis del presidente de chuecoslovaquia? ¡Le choreo la lapicera al manitos cortas! - ¿Y como dicen que entre gitanos no se ven la suerte? - Cierto, cáchate como pararon la boleta a la mina intendenta esa que se querían pitear, pa` mi que se truquearon y les iba a salir el tiro por la culata, no vis que cuando estaban los otros se destaparon las movidas en ferrocarriles, del Registro Civil… - Ja, ja,ja…y cuando cortaron el pasto por la media milloná, y cuando le regalaron a los bacanes y a los españoles caleta de empresas… - Son caré raja estos cuicos culiaos, meten preso a un cabro porque afana un par de lucas y a ellos no le sale ni por curao…cachate que los mismos que construyeron los edificios que cagaron en el terremoto están ahora supervisando y ganando las pegas de reconstrucción… - No es ná weón, predican moral con la pichula en la mano...ahí tenis la caleta de curas acacherados... -¿Y las monjas?, gueno que esa wea siempre se ha sabido. - Como en la empresa weón. Cuantos están en la movida de las cargas que salen sin papeles.. - Y el rucio culiao de la puerta que más el color que le pone se hace el weón cuando pasan por fuera, sin guía de despacho, sin pesarse, sin niuna wea… - ¡Tá en la movida también poh´! - Tamos pa la caga weón, en la pobla pura merca y cabros chicos enfierraos cuidando a los trafica, en la pega no tenímos ni casino y el weas nos paga una caracha que no alcanza ni pa irse a pegar una cachita con la vieja a un motel… - ¡Vos pos motel, ¿Quién te mando a tener tantos críos? ¡Pa mi que los mandaí el fin de semana a salvarse a la calle pa puro hacerte tira con la vieja! - Ta´ podrió todo weón, si no hay pa´ onde mirar que este bien o que no mande el billete, las coimas y los pitutos…y nos tiene entretenido con la tele, la geisha chica, la geisha grande, el doble de Adamo, el chantasma Figueroa, las payasadas del manitos cortas, los pelambres de los cuicos encerrados en el reality….  - ¿Y que vamos a hacerle po´weon, la vida es asi…los que nacimos chicharra tenímos que seguir cantando… - ¡Serís saco weas! Hay que puro darle jugo a los weones pa que paren de gozar! Ya weón, ascurre que estamos llegando y toca el timbre luego, no vis que estos weas se creen los Schumajer de las calles y nos va a ir a dejar a la loma de la chucha….escurre poh culiaó y muévete´, entero pavo... Y  me quedo pensando, ¿Cuál será el mejor “jugo” a darle a los del poder. (Ya me aweone y no le di las gracias a los viajeros por tan claras lecciones.)

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LA GUERRA FASCISTA DE LA OTAN (Fidel Castro)

No había que ser adivino para saber lo que preví con rigurosa precisión en tres Reflexiones que publiqué en el sitio Web CubaDebate, entre el 21 de febrero y el 3 de marzo: “El plan de la OTAN es ocupar Libia”, “Danza macabra de cinismo”, y “La Guerra inevitable de la OTAN”.
Ni siquiera los líderes fascistas de Alemania e Italia fueron tan sumamente descarados a raíz de la Guerra Civil Española desatada en 1936, un episodio que muchos tal vez hayan recordado en estos días.
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    Han transcurrido desde entonces casi exactamente 75 años; pero nada que pueda parecerse a los cambios que han tenido lugar en 75 siglos, o si lo desean, en 75 milenios de la vida humana en nuestro planeta. A veces parece que, quienes serenamente opinamos sobre estos temas, somos exagerados. Me atrevería a decir que más bien somos ingenuos cuando suponemos que todos debiéramos estar conscientes del engaño o la colosal ignorancia a que ha sido arrastrada la humanidad. Existía en 1936 un intenso enfrentamiento entre dos sistemas y dos ideologías aproximadamente equiparadas en su poder militar. Las armas entonces parecían de juguete comparadas con las actuales. La humanidad tenía garantizada la supervivencia, a pesar del poder destructivo y localmente mortífero de las mismas. Ciudades enteras, e incluso naciones, podían ser virtualmente arrasadas. Pero jamás los seres humanos, en su totalidad, podían ser varias veces exterminados por el estúpido y suicida poder desarrollado por las ciencias y las tecnologías actuales. Partiendo de estas realidades, son bochornosas las noticias que se transmiten continuamente sobre el empleo de potentes cohetes dirigidos por láser, de total precisión; cazabombarderos que duplican la velocidad del sonido; potentes explosivos que hacen estallar metales endurecidos con uranio, cuyo efecto sobre los pobladores y sus descendientes perdura por tiempo indefinido. Cuba expuso en la reunión de Ginebra su posición respecto al problema interno de Libia. Defendió sin vacilar la idea de una solución política al conflicto en ese país, y se opuso categóricamente a cualquier intervención militar extranjera. En un mundo donde la alianza de Estados Unidos y las potencias capitalistas desarrolladas de Europa, se adueña cada vez más de los recursos y el fruto del trabajo de los pueblos, cualquier ciudadano honesto, sea cual fuere su posición ante el gobierno, se opondría a la intervención militar extranjera en su Patria. Lo más absurdo de la situación actual es que antes de iniciarse la brutal guerra en el Norte de África, en otra región del mundo a casi 10 000 kilómetros de distancia, se había producido un accidente nuclear en uno de los puntos más densamente poblados del planeta tras un tsunami provocado por un terremoto de magnitud 9 que a un país laborioso como Japón ha costado ya casi 30 mil víctimas fatales. Tal accidente no habría podido producirse 75 años antes. En Haití, un país pobre y subdesarrollado, un terremoto de apenas 7 grados en la escala de Richter ocasionó más de 300 mil muertos, incontables heridos y cientos de miles de lesionados. Sin embargo, lo terriblemente trágico en Japón fue el accidente en la planta electronuclear de Fukushima, cuyas consecuencias están todavía por determinarse. Citaré solo algunos titulares de las agencias noticiosas: “ANSA.- La central nuclear de Fukushima 1 está difundiendo "radiaciones extremadamente fuertes, potencialmente letales", dijo Gregory Jaczko, jefe de la Nuclear Regulatory Commission (NRC), el ente nuclear estadounidense.” “EFE.- La amenaza nuclear por la crítica situación de una central en Japón tras el sismo, ha disparado las revisiones de la seguridad de las plantas atómicas en el mundo y ha llevado a algunos países a paralizar sus planes.” “Reuters.- El devastador terremoto de Japón y la profundización de la crisis nuclear podría generar pérdidas de hasta 200.000 millones de dólares en su economía, pero el impacto global es difícil de evaluar por el momento.” “EFE.- El deterioro de un reactor tras otro en la central de Fukushima siguió alimentando hoy el temor a un desastre nuclear en Japón, sin que los desesperados intentos para controlar una fuga radiactiva abrieran un resquicio a la esperanza.” “AFP.- Emperador Akihito expresa preocupación por el carácter imprevisible de la crisis nuclear que golpea a Japón tras el sismo y el tsunami que mataron a miles de personas y dejaron a 500.000 sin hogar. Reportan nuevo terremoto en la región de Tokio.” Hay despachos que hablan de temas más preocupantes todavía. Algunos mencionan la presencia de yodo radiactivo tóxico en el agua de Tokio, que duplica la cantidad tolerable que pueden consumir los niños más pequeños en la capital japonesa. Uno de los despachos habla que las reservas de agua embotellada se están agotando en Tokio, ciudad ubicada en una prefectura a más de 200 kilómetros de Fukushima. Este conjunto de circunstancias determinan una situación dramática para nuestro mundo. Puedo expresar mis puntos de vista sobre la guerra en Libia con entera libertad. No comparto con el líder de ese país concepciones políticas o de carácter religioso. Soy marxista-leninista y martiano, como ya he expresado. Veo a Libia como un miembro del Movimiento de Países No Alineados y un Estado soberano de los casi 200 de la Organización de Naciones Unidas. Jamás un país grande o pequeño, en este caso de apenas 5 millones de habitantes, fue víctima de un ataque tan brutal por la fuerza aérea de una organización belicista que cuenta con miles de cazabombarderos, más de 100 submarinos, portaaviones nucleares, y suficiente arsenal para destruir numerosas veces el planeta. Tal situación jamás la conoció nuestra especie y no existía nada parecido hace 75 años cuando los bombarderos nazis atacaron objetivos en España. Ahora, sin embargo, la desprestigiada y criminal OTAN escribirá una “bella” historieta sobre su “humanitario” bombardeo. Si Gaddafi hace honor a las tradiciones de su pueblo y decide combatir, como ha prometido, hasta el último aliento junto a los libios que están enfrentando los peores bombardeos que jamás sufrió un país, hundirá en el fango de la ignominia a la OTAN y sus criminales proyectos. Los pueblos respetan y creen en los hombres que saben cumplir el deber. Hace más de 50 años, cuando Estados Unidos asesinó a más de cien cubanos con la explosión del mercante “La Coubre”, nuestro pueblo proclamó “Patria o Muerte”. Ha cumplido, y ha estado siempre dispuesto a cumplir su palabra. “Quien intente apoderarse de Cuba ―exclamó el más glorioso combatiente de nuestra historia― solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre”. Ruego se me excuse la franqueza con que abordo el tema.

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martes, 12 de abril de 2011

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lunes, 11 de abril de 2011

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CHILENO: SEMBRAR PARA COSECHAR VICTORIAS

ALMA NEGRA

Como continuacion del tema "El Partido Revolucionario Chileno" del que ya hemos posteado 2 articulos, publicamos el texto "Sembrar para cosechar victorias", incluido en algunos boletines y conocido tambien como "Tres consideraciones".

SEMBRAR PARA COSECHAR VICTORIAS
(TRES CONSIDERACIONES PREVIAS)

1. Contra la dispersión, caudillismo, falta de unidad y proyecto.

Numerosos han sido los intentos que desde la izquierda chilena más consecuente y desde el término de la dictadura de las FFAA, se han venido levantado para construir o reconstruir un referente y un proyecto que permita dar unidad, contenido y proyección estratégica a las luchas reivindicativas que esporádica y a veces de manera cíclica se desatan en nuestro país.
De todos es conocido que las derrotas sufridas por el campo popular en los años 73, 81, 86-87, la salida burguesa a la crisis nacional y la instalación de 4 gobiernos sucesivos de la Concertación, y la instalación del modelo neoliberal, significaron también el retroceso de masas, la desorganización del campo popular, la destrucción, desarticulación y fragmentación de la izquierda revolucionaria y de sus organizaciones.

Coordinaciones, frentes, movimientos, partidos autoproclamados vanguardias brillan por alguna coyuntura u acción y al poco tiempo se diluyen, fragmentan, se estancan o renuncian a la construcción de un proyecto revolucionario y popular intentando subirse al estrado construido por los poderosos y donde se representa la comedia política bajo el discutido concepto de convertirse en “actores políticos”.
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    De fondo, una y otra vez el topo de la historia, la lucha de clases, se encarga de mostrar las contradicciones entre las fuerzas sociales en pugna, los escandalosos grados de explotación a que son sometidos las y los trabajadores, el crecimiento de las brechas de la calidad de vida que separa a los dueños del poder y la riqueza del pueblo que responde con luchas que incorporan cada vez mayores grados de violencia, pero que son aisladas, sin unidad, con alto grado de espontaneísmo y que logran ser contenidas en la negociación o por la entrega de una reivindicación que será rápidamente escamoteada una vez diluida la fuerza que la logró. Así, el movimiento popular fragmentado, centrado en luchas parciales reivindicativas, con organizaciones sociales muchas de ellas cascarones vacíos de participación popular, cooptadas, difícilmente pueden proyectarse de manera estratégica, máxime cuando los militantes de izquierda más consecuentes prefieren construir “sus” propias organizaciones, centrarse en la construcción de sus propias orgánicas y mostrarse en las paginas de Internet o para las fechas rituales donde desataran su furia combatiendo contra quioscos, vidrieras, o reformistas sin despeinar siquiera a los dueños del poder. Surgen grupos con banderas y símbolos incluidos que escasamente perduran, trasladándose militantes de un grupo a otro, con alto grado de sectarismo y escasa vocación de construir juntos, como pueblo un proyecto que ponga fin a la dominación. Más bien el caudillismo, la vanidad, la arrogancia y el desprecio a las experiencias de otros, el aferrase a los símbolos y banderas de tal o cual “cultura” más que a los profundos contenidos, rigurosos análisis y practica política, quedándose elevado al nivel de icono, con el envoltorio y no los contenidos, con la consigna y no el análisis profundo, con la acción más que el objetivo que buscaba la acción, con el fetiche del arma y no la conciencia que existía tras ella, generando por tanto una mal entendida militancia que hace culto a los fetiches, símbolos, espontaneísmo, voluntad, y en que termina siendo la organización y no el pueblo y sus luchas el foco principal de atención, y donde la satisfacción individualista reemplaza al ser social, al ser parte de un proyecto del pueblo. Podemos encontrar en los orígenes de este proceso al menos tres elementos: el insuficiente proceso y evaluación de las derrotas sufridas, la penetración de la ideología individualista en el campo popular y una practica aislada de las grandes masas y más bien centrada en el desarrollo de la propia organización. El insuficiente procesamiento de las derrotas sufridas tiene que ver con que la propia dispersión de fuerzas orgánicas, las muertes, encarcelamiento de militantes, abandono de dirigentes, generó una visión unilateral de las causas de la derrota sin precisar bien el carácter de ella y cuales fueron los errores cometidos: si en el plano de la estrategia, en el plano de la táctica, en la implementación de ellas, en la construcción orgánica, en la relación partido-masas, si en el plano político, o en el militar. Las lecturas generales y superficiales de estas derrotas tampoco permitieron por tanto rescatar la experiencia acumulada. Se produce así un proceso de negación producto de la derrota, donde todo es puesto en cuestión, llegando al punto de abrir la puerta a las concepciones liquidadoras de la organización como “novedad”. Negación al Partido, negación a la organización, negación del conocimiento y de lo científico. De otra parte, en la ausencia de organización partidaria emergen los “colectivos” que permiten resistir y actuar a escala local, colectivos definidos como políticos-sociales que permiten definir acciones para la lucha gremial o reivindicativa y que muchas veces reemplazan a las organizaciones naturales articuladas para estos fines. El problema es que los colectivos y organizaciones naturales se enfrentan a políticas de carácter nacional, al Estado y a sus diversos componentes y por tanto su enfrentamiento requiere articulación a escala nacional y sectorial, momento en el que el colectivo pasa a ser insuficiente como instrumento. Las propias contradicciones del sistema capitalista van generando, a pesar de todo, por los grados de explotación y plusvalía que requieren, escenarios de confrontación con las más amplias masas. Entonces la radicalidad del colectivo y el campo de acción quedan superados por una lucha reivindicativa que no es posible asumir desde la organización fragmentada y local. La lucha reivindicativa entonces es despreciada, mirada como “reformista” o “meramente económica”, sin entender que son esas grandes masas el sujeto o pueblo a construir como sujeto y pueblo revolucionario y no los instrumentos partidarios, del colectivo o de la organización. La poca comprensión del carácter de la dominación, o el entenderla solamente como una dominación violenta sin comprender la alienación o el dominio ideológico a que son sometidas es la clave para entender este fenómeno. El Estado no solo es una construcción para oprimir y dominar por la violencia sino también para dominar logrando el consenso de los dominados a través de un sin numero de aparatos ideológicos, de propaganda, de educación, en las propias relaciones económicas, de vida cotidiana. El principal problema existente es la relación de dependencia mutua de las masas trabajadoras de sus explotadores: son ellos los que proveen el capital y quienes compran el trabajo que les permite subsistir. Y esas grandes masas no se enfrentaran a ellos sus patrones de manera definitiva sino tienen la confianza en que pueden triunfar y construir una nueva sociedad. Pueden hacerlo, y de hecho lo hacen, de manera parcial, para lograr tal o cual reivindicación, pero solo avanzaran a condición de seriedad en el proyecto, de posibilidad real, de madurez del proyecto revolucionario. Y es en ese sentido el valor de la lucha reivindicativa y económica que permite ir desarrollando organización, confianza en las fuerzas propias, madurar y generar dirigentes, pero sobretodo generar confianza en las propuestas de acción que nacen de la conducción revolucionaria. Ninguna revolución es posible sin las masas como sujeto protagonista principal. Ninguna organización se gana la conducción y el prestigio entre las masas sin estar inserto en ellas, luchando con ellas, madurando con ellas. Por todo lo anterior se hace necesario volver a poner al pueblo como centro y foco de cualquier proyecto. 2. Recuperar el principal instrumento de conocimiento. Los poderosos y sus socios imperiales están más que satisfechos. Lograron postergar y superar la crisis global en que se encontraba la economía mundo y todo el sistema político que amenazaba con desplomarse en los sesenta y ochenta, inflingiendo graves derrotas a los pueblos del mundo entero: no solo se trata del desplome del llamado campo socialista y el paso a un nuevo orden económico, sino que principalmente derrotas en lo ideológico, en la re-instalación del individualismo y el culto a la satisfacción personal y el hedonismo. Se declara la utopía fuera de lugar, la solidaridad es reemplazada por el consumo individual desenfrenado, se instala un concepto de ser humano sin pertenencia a clase y histórico. En lo principal, desde todos los medios de comunicación, culturales y academias controladas por el poder el objetivo es declarar que el marxismo como filosofía y doctrina ha fracasado, así como todas las experiencias ligadas a la construcción de proyecto de una sociedad socialista. Sin terminar de entender que necesariamente los cambios en la esfera de las relaciones de producción impuestas por la contra revolución neoliberal, se traducirían a cambios a nivel de la conciencia política de las masas, agravada por el reflujo del movimiento y la derrota sin la capacidad de comprender los nuevos escenarios de lucha y ante las derrotas estratégicas de organizaciones anteriores, se busca en los orígenes ideológicos las causas de estas derrotas y se decreta que es el marxismo y toda la acumulación de experiencia orgánica y política la que no sirve: para qué Direcciones Políticas si estas se equivocan, para qué estrategias o tácticas si estas son erradas, para qué organización política si basta con la relación horizontal entre iguales. En el fondo de se ha tirado el agua de la bañera con guagua y todo. La negación del conocimiento científico, operada por los poderosos a escala mundial, en nuestro país, logra penetrar en el campo popular con fuerza. Algunos sobrevivientes de organizaciones revolucionarias de las décadas anteriores que intentan reflexionar sobre los fracasos y derrotas, sucumben ideológicamente y son arrastrados a la reflexión fácil y simplista: no es el poder el que se ha impuesto, los orígenes de la derrota hay que buscarlos entre los propios revolucionarios. La solución es simple: para unos es que faltó determinación y valor (lo moral, ético por sobre lo objetivo) , para otros es que las organizaciones estaban infiltradas (la concepción del aparato), para otros es que falló la relación con las masas (se instrumentalizó al movimiento popular), más audazmente los últimos reniegan de todo el conocimiento acumulado en décadas: el marxismo como instrumento de análisis está obsoleto, el partido, el centralismo democrático, la organización misma están superados, todo lo cual abre espacios para las concepciones anárquicas (diferente a anarquistas), a las concepciones de “criterio común”, a la “aceptación de la diversidad”, a la negación de la organización bajo el criterio de todos somos iguales y por ende elevar a categoría máxima la horizontalidad, todo lo que conlleva finalmente a que la superficialidad y lo artesanal predomine sobre el conocimiento y el asumir con rigor y profesionalismo los enormes desafíos de nuestro tiempo. De un plumazo se omite todo el conocimiento científico acumulado desde fines del siglo XIX y las diversas experiencias históricas a escala mundial, cayendo en el espontaneísmo y originando decenas y centenares de experiencias locales que son importantes por su determinación de luchar pero que son sectarias, focalizadas en lo reivindicativo unas, en lo propagandísticos otras y convirtiéndose sus particulares visiones ideológicas en trabas para la construcción de proyectos políticos de carácter nacional o regional. Por todo lo anterior se hace necesario recuperar el marxismo como principal herramienta de análisis y conocimiento para construir un proyecto. Pero no un marxismo mecánico, de manual y recetas, sino la reivindicación de sus tesis principales aceptando que la ciencia es revolucionaria, que las tesis sostenidas a principios del siglo pasado necesariamente han sufrido el rigor de la critica de la praxis por lo que necesariamente existen tesis que ajustar a la etapa del conocimiento actual de la humanidad, recuperando el marxismo revolucionario de Marx como sistema abierto y no como la ciencia definitiva e inmutable que nos presentaron los textos de la URSS y las corrientes estructuralistas. El marxismo a recuperar es el militante, es la teoría como guía para la acción, no es el marxismo que surge en la academia fuera de la lucha de clases como supuesta ciencia de análisis. Es la valorización del materialismo dialéctico, de la lucha de los opuestos, de las contradicciones y su transformación, el método de análisis que va de lo general a lo particular, que valora las condiciones objetivas y materiales de la sociedad tanto como la voluntad para cambiarlas. 3. Recuperar las lecciones de la propia historia Ser social y ser histórico definen dimensiones de un pueblo que se constituye como fuerza social revolucionaria a través de un proceso dinámico y dialéctico de luchas que conllevan a avances y retrocesos, a flujos y reflujos. En lo principal la formación social chilena y su lucha de clases internas esta condicionada por su inserción internacional como economía periférica y subordinada al capitalismo central y en cierta medida su historia está marcada no solo por las contradicciones entre burguesía y proletariado, sino que también por las crisis internacionales del capitalismo, de las políticas definidas en el centro imperial y las crisis entre fracciones burguesas que entran en pugna levantando sus proyectos de dominación. El largo camino de luchas populares, de constitución de un sujeto social que lucha por cambios demandó décadas, abriéndose a finales de los años 60 un periodo de alza constante del movimiento de masas que permitió a la Unidad Popular llegar al Gobierno como alternativa de cambio con un programa de reformas en el marco de la legalidad burguesa, que al intentar ser ejecutado, desató la feroz oposición de las clases dominantes y el imperialismo, agudizó las contradicciones al máximo, permitió la radicalización de una fracción de pueblo que inició un proceso de aprendizaje en torno al poder popular, experiencias ambas que terminaron por cerrarse con el golpe militar y la refundación de la dominación en Chile. La lucha del pueblo contra la dictadura militar permitió a los revolucionarios instalar proyectos de resistencia popular, de guerra revolucionaria, de rebelión popular y sublevación, asumiendo el mayor costo de una lucha que terminó siendo capitalizada por el propio imperialismo y la burguesía opositora a la dictadura, cerrando un nuevo ciclo de ascenso y pasividad en las luchas, esta vez con expresiones de propaganda armada y lucha miliciana, con amplitud de organizaciones de masa que fueron finalmente excluidas del sistema político excluyente que terminó por consolidar el modelo iniciado por la dictadura mediante al apoyo de fracciones políticas desprendidas del campo popular. En el marco de la negación de los proyectos políticos, también existe la negación a esta historia y su continuidad, señalándose como derrotas de otros, de otras generaciones, de otros proyectos, sin entender que son derrotas al conjunto del campo popular. Lo grave de estas posturas en que quienes la sostienen predican están partiendo de cero, negando toda la experiencia acumulada por décadas de lucha y experiencias de diverso tipo. Para ellos no hay lecciones en las luchas de Recabarren por desarrollar los sindicatos, ni en la experiencia de Clotario Blest con el desarrollo de la CUT, no hay nada que aprender de los levantamientos rurales de Ranquil, de la asonada de los anarquistas en la pampa nortina, no hay experiencias a rescatar en la insurrección de la marinería, ni en los intentos de sublevación del 2 de abril, etc., etc. Es necesario recuperar todas las experiencias anteriores, conocer las raíces del movimiento popular y del movimiento revolucionario, los levantamientos populares del siglo pasado, los proyectos y desarrollo de las experiencias de quienes nos antecedieron como el PCR, Vanguardia Revolucionaria Marxista, Grupo Ranquil, Fuerzas Armadas Revolucionarias, MIR, MR2, FPMR, Mapu-Lautaro. Cada experiencia enfrento problemas y desafíos, acumulo experiencia y conocimiento, aprendió de las formas de operar del Estado y de la represión. Es imprescindible aprender de nuestra propia práctica como pueblo, no solo para imaginar como serán los combates futuros, sino para aprender las lecciones extraídas en cada experiencia tales como el aparatismo, el voluntarismo, el militarismo, el vanguardismo, entre otros fenómenos. En definitiva se hace necesario recuperar un enorme caudal de conocimiento y experiencia extraída de nuestra propia historia para ponerla al servicio de una nueva síntesis que permita generar un nuevo proyecto. Esta nueva síntesis debe ser el centro de la actividad de las organizaciones revolucionarias en el presente. No se trata de una nueva coordinación para una actividad puntual, ni una Federación de organizaciones que coyunturalmente se mueven tras objetivos reivindicativos. Estas actividades pueden y deben realizarse. Se trata por el contrario, de generar un nuevo proyecto revolucionario con una propuesta estratégica, con propuestas de táctica para el periodo, una nueva organización que no eluda comprometerse con un proyecto concreto que se comprometa con la construcción de instrumento orgánico, que se atreva a plantear una estrategia de acumulación de fuerza social revolucionaria. Una organización que se plantee con seriedad y profesionalismo las tareas de constituirse en una organización revolucionaria a escala nacional, una organización para acumular fuerzas, para luchar en todos los terrenos y no solo para un territorio, un sector social, una coyuntura. Una organización que trabaje con humildad, que no haga de la crítica al reformismo su centro y única existencia, que “hable” a través de su práctica más que por sus discursos. En definitiva, una nueva organización que supere los métodos artesanales, una organización de revolucionarios profesionales, que recoja el legado de nuestra historia como pueblo, que se construya a escala nacional, que se plantee una estrategia política, una táctica para el periodo, cuyo centro sea la construcción de una fuerza social revolucionaria que se plantee construir un poder dual, un poder alternativo, para derrotar al capitalismo y construir el socialialismo que las masas populares definan.

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